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miércoles

▼ REVIEWS

Desnuda ante el asesino

Nude per l’assesino IMDb




Año: 1975 (Italia)
Director: Andrea Bianchi
Interpretes: Edwige Fenech, Nino Castelnuovo, Femi Benussi, Solvi Stubbing, Franco Diogene, Erna Schürer, Amanda, Lucio Como, Silvana Depreto.


Sinopsis: Una muchacha fallece durante un aborto clandestino. Pronto, gente del estudio fotográfico Albatros, donde la chica trabajaba, empiezan a ser asesinados. Cualquiera de ellos puede estar detrás de las muertes.

Comentario: Pese a unos inicios algo más serios, pronto Andrea Bianchi se decantaría por la exploitation pura y dura. En su quinta película, “Desnuda ante el asesino”, el realizador romano apostaba por el giallo (1). La cinta arrancaba con un prólogo estupendo, con una joven que durante un aborto muere en la mesa de operaciones. Para desentenderse del incidente, el médico llama a un amigo y llevan el cuerpo a casa de la chica para simular que ésta ha fallecido allí en la bañera, dejando el grifo abierto. Y con un grifo abierto y sonando el agua correr, el asesino preludia que va a deshacerse de las correspondientes víctimas, será siempre parte del modus operandi del maníaco homicida de turno (2). Un psicópata que en este caso cambia la arquetípica indumentaria propia de “La Sombra”, el personaje pulp, por un ceñido mono y casco de motorista que nos oculta su identidad (3).




Lástima que el resto de la película no esté a la altura, y encontramos más anotaciones en el debe que en el haber. Uno de los puntos más flacos del film recae sobre un pilar básico del giallo, los asesinatos. Si estos, su ejecución y su liturgia, son muchas veces la razón misma del género, sobre la que se tejen unos guiones a veces prescindibles, la originalidad de estos y su particular puesta en escena hubiera hecho las delicias de Thomas De Quincy. No vamos a comparar a Bianchi con el maestro, pero hasta los filmes de Mario Bava más maltratados por la crítica, “Cinco muñecas para la luna de agosto” (1970) y “Bahía de sangre” (1971), contienen unas increíbles, originales y muy trabajadas escenografías del crimen (4). Y sin embargo, Bianchi se muestra rutinario en ello, con el enmascarado psicópata dando muerte a todos sus objetivos de igual manera, a cuchillazo limpio.




Además, quedando buena parte de estos fuera de campo, dando la sensación que es más por no trabajar la puesta en escena que algo pretendido. Tampoco recurre a la estilización y manierismos propios de su tiempo, ni siquiera adopta la cámara subjetiva como punto de vista del psicópata (y el espectador), prefiriendo colocarse a espaldas de aquel. A destacar, no obstante, en el desenlace, cuando el motorista se enfrenta a Carlo (Nino Castelnuovo), y aquel se arma con la espada que sostiene una armadura entre sus piernas, de tal modo que parece estar arrebatándole su virilidad (algo que va en consonancia con los motivos del asesino) en un momento que queremos ver intencionado.




Y si en un giallo los crímenes no funcionan como el motor de la acción ¿qué le interesa al director?. Era 1975, los vientos soplaban en otra dirección (5) y Bianchi parecía ya prever su ulterior carrera, marcada por el sexo (6). Abundan pues los desnudos de las féminas, contando en el reparto con los estupendos cuerpos de Edwige Fenech (7), Erna Schürer o Femi Benussi. Y el realizador se permite incluso comentarios jocosos sobre las posaderas de la Benussi (a cargo de un Castelnuovo que parece estar en una comedia de Alvaro Vitali o Lino Banfi) o terminar la cinta con un chiste sobre el sexo anal.


Para sus fines, Andrea Bianchi se sirve de algunas constantes del género (ya clichés) que datan del principio de éste, el mundo de la moda (8) y las lesbianas. Las casas de moda, los estudios fotográficos, las modelos, los fotógrafos, etc... datan en el giallo desde sus orígenes, desde la seminal “Seis mujeres para el asesino” (1964) de Bava padre (9), y recorre toda la trayectoria del género hasta llegar a los intentos, ya en los 80 y 90, de resurgir el mismo con cintas como “Crímenes en portada” (1987) de Lamberto Bava, “Bajo el vestido nada” (1985) de Carlo Vanzina, o su secuela “Demasiado bellas para morir” (1988) de Dario Piana. Las lesbianas fue otra constante del thrilling all’italiana (10) en mil y un títulos desde los primeros ejemplos de éste en los años 60, asociadas generalmente a las clases altas, a mujeres de carácter liberal, sin prejuicios ni ataduras, convertidas pues en uno de blancos favoritos del asesino moralista de turno, y en el film de Bianchi influye incluso en el desenlace de la trama.



El realizador incluye a los ricos decadentes y viciosos habituales en el cine de género italiano de la época, representados en esta ocasión por el matrimonio propietario del estudio Albatros. Ella, Gisella (Amanda), es quien realmente dirige el negocio. Lesbiana, aprovecha su posición para acostarse con las chicas con las que trabaja, manteniendo una relación de dominación. Él, Maurizio (11), es un pobre diablo, siempre a la sombra de su esposa e impotente con las chicas, sólo es capaz de montárselo con una muñeca hinchable. Ambos serán, desde luego, objetivos a eliminar por el maníaco. Quién se oculta tras el casco de motorista no resulta al final muy difícil de averiguar conforme avanza el metraje, ya que el resto del personal del estudio ha sido pasado a cuchillo.




En el terreno musical, los motivos reconocibles del género que marcaran Ennio Morricone o los Goblin son sustituidos por un tema principal de funky-jazz más propio del thriller de acción norteamericano del momento. Y a lo largo de la cinta escuchamos una melodía más acorde con el cine erótico italiano. Seguramente por todo lo reseñado arriba, “Desnuda ante el asesino” es uno de los giallos que siempre ha gozado de peor crítica. Pero, a su favor, decir que su carácter de producto exploitation, repleto de descaradísimos desnudos de las chicas que pueblan el film, sus concesiones a la comedia,... lo hace hoy muy disfrutable. Y lo coloca por encima de otros títulos como, por ejemplo, “Ojos sin cara” (1994) de Bruno Mattei, por otro lado loable intento de resucitar el género en un momento de sequía, quizá el giallo más aburrido que hemos visto... Alfonso & Miguel Romero

Psychometro

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(1) Aunque en los libros dedicados al giallo salga acreditado como tal, el primer film de Bianchi, “Diabólica malicia” (1972), más que con el thrilling all’italiana tiene relación con exitosos trabajos de Polanski como “Repulsión” (1965) o “La semilla del Diablo” (1968).



(2) En el asesinato del fotógrafo Mario Ferrari (Claudio Pellegrini), el grifo abierto es sustituido por el asesino echándose un vaso de whisky. Con el mismo sonido pero sustituyendo el líquido elemento. El agua se cambia por... sí, JB. Por cierto, hay constante publicidad a lo largo de todo el film de tal marca y de Levi’s.



(3) En 1980 Ken Hughes dirige en los USA un psychothriller cuyo asesino luce misma indumentaria, “The terror eyes”, conocida en nuestro país con el desconcertante título de “Psicosis 2” (en VHS por Shock Video). Y, no sabemos si esto es muy descabellado, pero ¿qué hay del cruel y sádico motorista asesino del comienzo de “Hostel 2” (2007)?, recordemos que en la película de Eli Roth hay no pocos guiños al cine de género italiano de la era dorada, incluida Edwige Fenech de profesora... de arte.


(4) Sólo un par de ejemplos (hay muchos, cada uno que elija el/los que quiera) de giallos que acusaban gran importancia del sexo y que además prestaban singular impronta a la originalidad de los asesinatos y una muy currada puesta en escena de los mismos: “La bestia mata a sangre fría” (1971) de Fernando Di Leo, y “La noche que Evelyn volvió de la tumba” (1971) de Emilio P. Miraglia.



(5) Según diversas voces, a mediado de los 70 el giallo estaba agotado, ya había dado todo de sí. Es entonces cuando proliferan lo que algunos críticos llaman porno-thrilling, filmes donde los actos del maníaco homicida son tan sólo un mac-guffin para mostrar carne femenina, cintas más próximas al softcore que al giallo propiamente dicho, sin que ello medre la brutalidad de los asesinatos. Los mayores ejemplos serían “Crimen sin huella”/“Giallo a Venezia” (1979) de Mario Landi, y “Play Motel” (1979) de Mario Gariazzo.



(6) La filmografía de Bianchi va a seguir orientada al erotismo, ya sea en comedias, dramas e incluso en sus cintas de terror, caso de “Posesión de una adolescente”/“Malabimba” (1979), su aportación al cine satánico surgido al calor de “El exorcista” (1973) de William Friedkin, donde pesa bastante la presencia del sexo, y de la que en algunos países gozaron de una versión con insertos hardcore. Ya en los 80, Bianchi alternó cintas de género con incursiones en el triple X.


(7) Uno de los grandes nombres de la comedia sexy italiana por derecho propio. La Fenech no obstante intervino en un buen puñado de giallos: “Top sensation” (1969) de Ottavio Alessi, la mencionada más arriba “Cinco muñecas para la luna de agosto” de Bava, “Las lágrimas de Jennifer” (1972) de Giuliano Carmineo, o “La perversa señora Ward” (1971), “Todos los colores de la oscuridad” (1972) y “Vicios prohibidos” (1972), las tres dirigidas por Sergio Martino, por aquellos años cuñado de la intérprete.



(8) En ocasiones sustituido por los afines y también glamourosos terrenos del cine, el teatro e incluso la ópera, en títulos como “Ciak... si muore!” (1974) de Mario Moroni, “Aquarius” (1986) de Michele Soavi, o el “Terror en la ópera”/”Opera” (1987) de Dario Argento.



(9) Un universo que revisitaría en 1969 en “Un hacha para la luna de miel”.


(10) En la última década dos psychothrillers franceses, “En lo profundo del bosque” (2000) de Lionel Delplanque (en muchos aspectos un remake inconfeso del “Aquarius” de Soavi) y “Alta tensión” (2004) de Alexander Aja, se han aproximado mucho al viejo giallo italiano, y en ambos chicas lesbianas tienen notable importancia en la trama, aunque ahora con otros roles que meras víctimas... los tiempos cambian.

(11) Interpretado por el orondo Franco Diogene, un actor muy prolífico en el cine de género al que se le recuerda principalmente por sus personajes de salido tras las prietas carnes de la Fenech (¡y quién le culpa!) en las comedias sexys al servicio de ésta. Dentro del giallo le veríamos en “Extraña muerte de una menor” (1975) de Sergio Martino, o el “Trauma” (1980) de Gianni Martucci, esta última en los confines del género.




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viernes

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Surveillance


Surveillance IMDb




Año: 2008 (USA-Alemania)
Director: Jennifer Chambers Lynch
Interpretes: Julia Ormond, Bill Pullman, Pell James, Ryan Simpkins, Michael Ironside, French Stewart, Kent Harper, Caroline Aaron.


Sinopsis: En un día caluroso, los federales (Ormond y Pullman) llegan a la comisaría de un perdido pueblo para interrogar a varios testigos de una sangrienta matanza. Dos asesinos en serie con mascaras han preparado la de Dios es Cristo en plena carretera del desierto, cada uno de los testigos darán su versión de los hechos.


Comentario: Habéis acertado, la directora es hija del maestro Lynch, pero ya es mayorcita y ella solita se lo ha currado para contarnos una orgía de sangre en pleno desierto, con unos demoledores flash-back, la película es una increíble bajada a los instintos más primitivos del ser humano. Espectacular el desenlace de la cinta con dos increíbles Pullman (donde ya desmostro lo que valía en “Carretera perdida” o “La ultima seducción”) y la guapísima Julia Ormond. El siempre consistente y habitual del fantástico Ironside da vida a un inocente sheriff de pueblo, que esta más preocupado en dejar de fumar que en resolver los crímenes, a su mando una pandilla de hijos de puta policías que no saben hacer la “o” con un canuto. Poco más que añadir a la cinta ganadora del ultimo Sitges y a lo que ya se puede considerar un clásico moderno dentro de las películas de carretera, y es que como decía el abuelo…de casta le viene al galgo. Javier Castellanos


Psychometro: ••••









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martes

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Como perros rabiosos

Come cani arrabbiati IMDb




Año: 1976 (Italia)
Director: Mario Imperoli
Interpretes: Jean-Pierre Sabagh, Annarita Giaputo, Paola Senatore, Cesare Barro, Luis Latorre, Gloria Piedimonte.

Sinopsis: Tras un atraco en un estadio de fútbol y otro en unas oficinas por tres encapuchados, en ambos dejando cadáveres a su paso, el comisario Paolo Mozzi está convencido que uno de los tres culpables es Tony Ardengi, hijo de un adinerado empresario cuya influencia llega a las más altas esferas. El inspector intentará ir cercándolo para atraparlo, mientras el joven y sus amigos intentan culpar al padre de Tony, y en sus hazañas criminales comienzan a matar a socios y conocidos del potentado empresario.

Comentario: El nombre de Mario Imperoli continúa siendo poco conocido para los fans del cine de género italiano de las doradas décadas de los 60 y 70. De su corta filmografía, sólo ocho largometrajes como director, la mitad conocería estrenos en las salas de nuestro país, pero quedaron fuera algunos de sus títulos más potentes. Su debut en la realización sería “Mia moglie, un corpo per l’amore” (1973), estupendo psycho-giallo al estilo de la prestigiosa trilogía del binomio Lenzi-Baker. Eros y Thanatos en perfecta y sangrienta unión, y la fatalidad como único posible (y querido) desenlace. Si bien el sexo (y la muerte) será constante en un buen número de giallos, en el caso de Imperoli será la espina dorsal sobre la que se vertebre toda su filmografía, unida siempre con una mirada no irónica sino acusatoria y crítica hacia la burguesía y las clases dominantes, retratados como gente corrupta, poco de fiar, que parece destinada, por sus vicios y sus actos, a un final trágico.



Lo encontramos también en el segundo (y último) giallo que rodó, “Instantánea per un delitto” (1974), pero también en sus cintas protagonizadas por la guapísima Gloria Guida (1), “La ragazzina” (1974) y “Blue jeans” (1975), donde además trataba la cuestión de la prostitución, e incluso en la comedia sexy “Mis dulces tías”, aunque en esta última de una forma más desenfadada, el género así lo pedía, pero donde se atrevía a relucir ciertos apuntes sobre el incesto, tema tratado después de una forma más agresiva en “Esa extraña forma de amar” (1977), con George Eastman metido en el guión. Los dos títulos restantes de su filmografía se encuadran dentro del poliziesco, “Come cani arrabbiati” y “Canne mozze” (1977), éste su film póstumo, que data del mismo año de su muerte.



La película que aquí nos ocupa aúna temas y elementos propios del género que ya habíamos visto en otros policiacos a la italiana: el comisario de hierro que no ve diferencia entre su trabajo y una venganza personal, que vive continuamente para su puesto; los hijos contestatarios de ricos sin escrúpulos, que odian a sus progenitores; las persecuciones con aquellos viejos Fiat por las calles de Roma, etc... con las obsesiones de Imperoli, con sus burgueses corruptos, amorales e inmorales, y la omnipresencia del sexo. Es curioso que, contrariamente al terror gótico o al giallo, el poliziesco, que llega años después de aquellos, nunca diera mucha importancia a los desnudos y al sexo (2). Son pocos los títulos, dentro del policiaco italiano, que estos hacen presencia o tienen cierta relevancia (3), caso de “Asesinato de una call-girl” (1980) de Sergio Bergonzelli, o, en menor medida, “Secuestro de una mujer” (1973) o “I padroni della città” (1976) de Fernando Di Leo, o algunos de los protagonizados por Joe Dallessandro... y poco más.



La tónica general fue, como mucho, mostrar, y de manera rápida, alguna escena de amor entre el comisario protagonista y su novia o algún ligue, sin mayor relevancia, sin importar en la trama, y si no aparece tampoco pasa nada. Imperoli, por el contrario, utilizará el sexo para definir mejor a los distintos personajes: Enrico Andagni, el rico empresario, a quien sólo le importa el éxito final, para quien no hay ni ley, ni moral, ni religión, que piensa que “si pierdes, te arrastran”, quien todo lo compra con dinero, frecuenta los viernes a dos jóvenes putas, Leila y Marisa, “me ayuda a relajarme”, y también se acuesta con Silvia, amiga y amante, amén de cómplice, del hijo de aquel, Tony. Éste odia a su padre y quiere hundirlo, tiene sexo con Silvia, quien comparte su filosofía de la vida, y obtiene un placer sádico torturando y asesinando (4), junto con sus amigos, a allegados de su padre. Paolo Mozzi, el comisario, también tiene sus relaciones, con una compañera, Germana, y con Silvia, inducido por ésta, constatando el carácter libertario (y libertino) de la muchacha (y su generación) (5).



Los tres jóvenes (Tony, Rico y Silvia) han gozado de una privilegiada posición económica y de una total libertad, y se creen por encima de los demás. Roban y matan por odio. Son los perros rabiosos a los que alude el título, y para los que no hay cura y no queda otra opción que matarlos. Son aquellos desencantados de su generación que en sus actos se acogieron al terrorismo (de extrema derecha, izquierda o anarquistas) azotando al país. Imperoli les destina este único final. Silvia muere de un disparo a bocajarro en el estómago de la escopeta de uno de sus compañeros cuando éste forcejea con una de sus víctimas; al intenta huir, Rico es alcanzado de un tiro por Mozzi. Pero la muerte más ejemplar le aguarda a Tony, el peor de todos, en su fuga en el coche de Germana se encontrará con una alterada manifestación de la clase obrera que pide, entre otras cosas, más salario y escuela para todos, y quienes, ante su actitud, lo sacan del coche para matarlo a golpes, sin que la ley, el comisario, aunque se esfuerce, logre impedirlo. En una más que evidente alegoría de la revolución del proletariado contra el corrupto capital. El realizador refuerza esto cuando en el último plano, con el rostro muerto y ensangrentado del joven sobre el asfalto, reza “La muerte del asesino no merece lágrimas”.




Según la propia crítica especializada italiana, el presente film es uno de los poliziescos más difíciles de encontrar actualmente. Parece ser que no hay copia italiana en VHS (y menos en DVD) y la que circula (y poco) es la griega (en formato 4:3, con audio italiano y subtítulos en el idioma de la isla), la que aquí, obviamente, hemos comentado. Y cuentan que por E-Bay han pedido por la cinta cifras astronómicas. Alfonso & Miguel Romero

Psychometro: •••••



(1) Uno de los más bellos rostros que se recuerdan de la comedia gremial erótica italiana de los 70 y primeros 80, gracias a películas como “El médico y la estudiante” (1976) de Silvio Amadio o “Enfermera de noche” (1978) de Mariano Laurenti. Pero también la vimos, no lo olvidemos, en los dramas eróticos “Sueños y aberraciones de una menor”/”La menor de edad” (1975) y “Pecados de juventud“ (1975), ambas de Amadio, “Las veinteañeras” (1978) de Fernando Di Leo, o las dos que rodara a las órdenes de Imperoli.



(2) El fumetto per adulti de la época, al contrario, utilizó el sexo, junto a la violencia, como principal reclamo en sus viñetas dentro del policiaco en las páginas de “Mafia”, “Luce rossa”, “Fatti oggi”, “Actualità nera”, “Coldplay” (en España publicado por Zinco como “Chacal”), etc...

(3) Hay que tener en cuenta que algunos filmes del género se estrenaron en nuestros cines con los consabidos cortes de rigor de la censura aún vigente.



(4) Algunas escenas ejemplares: En el segundo atraco cogen a una rehén a la que harán creer que puede escapar para, una vez la sorprenden, desnudarla y matarla de un tiro. Otra, la tortura y asesinato de Leila, una de las prostitutas, en el bosque. Y tres, llegan a casa de un socio del padre de Tony y se lo encuentran enrollado con una chica, les obligan a follar pero al tipo no se le levanta debido a la situación, y Silvia le incrusta a la muchacha los cañones de su escopeta en el sexo, “Yo te voy a enseñar cómo se hace”.


(5) El rasgo que mejor define a Mozzi es su muy personal (incluso paranoico) sentido de la justicia, en perfecta conjunción con el género, llegando a convencer a su compañera para que se haga pasar por la prostituta Marisa como señuelo para los jóvenes, consiguiendo tan sólo que estos estén a punto de violarla.



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