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viernes

▼ REVIEWS

DOSSIER: William (Bill) Lustig

Maniac World por Fernando Rodríguez

“Maniac” es el título de una oscura película para adultos, fechada en 1934, y dirigida por Dwaine Sper, uno de los míticos 40 ladrones, insólito grupo de maleantes que con sus fechorías fílmicas surtieron con todo tipo de excesos a los desprevenidos lugareños de la América de la depresión. Esta banda no organizada exhibía sus “geniales” obras en el círculo alternativo de las ferias ambulantes y en antros de reputación dudosa, con el fin de saltarse los rigores de la restrictiva censura. En su clara filosofía “exploiter”, el “Maniac” de Dwaine Sper era un imposible cocktail de sexo, horror y violencia, centrado en los locos experimentos resurreccionistas de un par de científicos, todo ello bajo una excusa hipócritamente moralista que ni impedía de momentos abiertamente bizarros. Su inefable autor siguió en la brecha con títulos nada pacatos: “Marihuana: leed with rotos in hell”, “Narcotic”, “How to undress in front of your husband…”.
“Maniac” fue el título del segundo film que la mítica compañía británica Hammer, dedicó, en la década de los 60 y primeros 70, a su serie de películas, centradas en el terror psicológico: Con claras influencias del cine de Hitchcock, estas obras estaban repletas de tortuosas venganzas, estruendosos crímenes, personajes dementes y todo tipo de giros dramáticos. Concretamente, el “Maniac” hammeriano involucraba en su trama a un hombre inocente, a una manipuladora mesonera que ejercía de femme fatale en sus ratos libres y a un peligroso perturbado mental ingresado en un manicomio. La exitosa formula fue explotada por la compañía en títulos como “El sabor del miedo”, “Paranoiac”, “Nightmare”, “Fanatic”, “Histeria”, “The Aniversary”, “Crescendo” y “Fear in the night”.
Sin embargo, el “Maniac” que nos interesa y el más conocido es el que dirigió William Lustig, uno de los nombres más interesantes del cine b norteamericano de los 80, realizador de una serie se obras violentas, ágiles y directas, que se alejaban de los habituales subproductos de la época (manufacturados por todo tipo de estajanovistas del celuloide) que llenaron el mercado de esos años. A pesar de contar con una carrera corta y accidentada, enclavada en el cine de género de los 70 y 80, Lustig hizo una serie de films poblados de venganzas, asesinatos, psicópatas y policías, a los que añadió una negrísima visión del mundo, donde el orden legal y los valores del “american way of life” han desaparecido sin señales de poder ser restablecidos. Los “maniacos/personajes” que pueblan sus fábulas son auténticos desechos humanos cuya forma de supervivencia se justifica en el acto físico y violento, única salida que les deja una sociedad vista por el director con tétrica frialdad. Cineasta implacable, Hill Lustig no engaña con falsos mensajes o sibilinas críticas sociales. Sus películas, efectistas y truculentas, captan (en el mejor de los casos) la realidad con acerada y turbulenta suciedad sin que por ello se pierda su condición de cine de entretenimiento. No nos debe de extrañar que por ello considere como mayor influencia la obra del gran Don Siegel, aunque en su cine se detectan huellas intermitentes de Sam Peckinpah, Dario Argento, John Frankenheimer y, especialmente de William Friedkin, todos ellos, cineastas habituados a expandir la barreras que limitan el cine de género.

1.- El sobrino de Jake La Motta: De formación autodidacta aunque asistió dos semestres a la New Cork University Film School, Bill Lustig (nacido en el Bronx en 1955) tuvo dos buenas escuelas alternativas. Por un lado, los grandes cines de la calle 42 le dieron la oportunidad de ver todo tipo de películas: cine europeo, series b made-in-Corman, Spaghetti-westerns, Kung Fu movies, los terrores de la Hammer, los inicios de Dario Argento y las habituales cosechas hollywoodienses. Todo ello desembocó en una irrefrenable pasión cinéfila liderada por algunos títulos del momento como “El gran robo”, “Grupo salvaje”, “Canción de cuna para un cadáver”, “Bullit”, “Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha”, “El pájaro de las plumas de cristal”, “French Connection”.
Por otro lado, el joven Lustig tuvo la oportunidad de integrarse rápidamente en el negocio. Su tío, el mítico Jake La Motta (inmortalizado por Martin Scorsese en la inolvidable “Toro Salvaje”) y su amigo-socio Peter Savage tenían una pequeña productora de films de bajo presupuesto dedicada a comedietas eróticas. Tutelado por Savage el futuro director entró a trabajar como ayudante de montaje a los 16 años, aprendiendo todos los secretos de la edición. Pronto saltó a tareas de ayudante de producción en películas porno que Peter Savage empezó a producir alentado por el éxito masivo de “Garganta profunda”. De esa manera, Bill Lustig se encontró con el día a día en un set de rodaje aprendiendo prácticamente lo que ninguna escuela de cine le podía enseñar. También empieza a trabajar en películas de acción rodadas en Nueva Cork, siendo empleado en todo tipo de cometidos. Es una etapa feliz, en la que conoce la profesión cara a cara en películas tan conocidas como “Pánico en la calle 110”, “Los implacables: patrulla especial”, “El justiciero de la ciudad”, “Rompehuesos”, “El jugador” o “Alice, sweet Alice”.
Este periodo inicial termina con su definitivo salto a la dirección. Lejos de amilanarse, Lustig aprovecha la oportunidad que le dan y reúne 20.000 dólares para realizar “La violación de Claudia”, un porno rodado en 35 mm que se basaba en el “Belle de jour” de Buñuel. A este le sigue “Hot Money”, otra “Blue movie” que clausura su presencia en el género. Rodadas en menos de dos semanas, ambas películas le sirven de campo de pruebas y de culminación personal tras pasar por todos los escalafones del gremio.


2.- El hijo de Sam: El 29 de Julio de 1976 comenzó uno de los episodios más sórdidos de la historia criminal de Nueva York. Dos amigas fueron brutalmente tiroteadas en su coche, en pleno barrio del Bronx, por un desconocido que empuñaba un revolver del calibre 44. Los hechos se repitieron mimeticamente en Octubre y Noviembre de ese mismo año, y en Enero y Abril de 1977, en zonas apartadas del Bronx y de Queens. En el último suceso, la policía encontró una nota del asesino en la que se autodenominaba “Sam´s creation”. El caso saltó a los medios y diversas cartas llegaron a la insaciable prensa, creando una aureola mítica alrededor del brutal asesino. En el verano de 1977, el “Hijo de Sam” volvió a tirotear a dos parejas, provocando una grave situación de alarma y de caos en la Gran Manzana. Inesperadamente y cuando las autoridades estaban más presionadas, una testigo observó un extraño comportamiento de un hombre con una furgoneta. Al personarse la policía para comprobar la denuncia, encontró un arma del calibre 44 y al detener a su dueño este comentó “Soy el hijo de Sam”.
Esta historia llamó la atención de Joe Spinell, un actor secundario nativo de Queens, que había alcanzado la popularidad con sus apariciones en títulos importantes como “El Padrino I y II”, “Taxi Driver” o “A la caza”. Amigo de Lustig, con el que compartía su pasión por el cine de terror, Spinell llevaba varios años intentando sacar adelante un proyecto personal sobre dos asesinos que mataban por puro placer, sin embargo, los hechos acaecidos en su propio barrio y en el Bronx provocaron un cambio en el guión hasta germinar en “Maniac” (1980). Tanto Lustig como Spinell buscaban alejarse del modelo de psycho-killer que se había puesto de moda a raíz de “Halloween” y sus mil sucedáneos, basado por un terror adolescente de claro tono lúdico. En su lugar Maniac” adoptaba el esquema de una terrible crónica de sucesos donde los crímenes se mostraban gráficamente con todo lujo de detalles gracias a los servicios del gran Tom Savini. La ciudad sórdida y oscura era el perfecto decorado para las andanzas de Frank Zito, un brutal asesino en serie atormentado por su madre muerta, que asesinaba y escalpaba mujeres, para construir su gran obra sangrienta desde su inhóspita madriguera, tétrico agujero poblado por inertes maniquíes. Y aunque el film optaba por un desenlace claramente “fantástico” que lo hermanaba con modelos italianos y británicos, en la mente del espectador permanecían sus abruptas imágenes y una incómoda sensación ante la falta de vínculo emocional con ninguno de los personajes. Joe Spinell, encarnó, como nadie, al enloquecido protagonista dándole todo tipo de matices con su difícil físico y con su inquietante rostro. La película provocó una gran polémica por su cargado contenido violento y sufrió el generalizado rechazo crítico que no supo ver más allá de sus violentos efectos especiales. En países como Alemania e Inglaterra fue vetada y en España se clasificó con la desaparecida clasificación “S”. Convertida en carne para sesiones de medianoche, “Maniac” alcanzó rápidamente un status de culto y una inesperada revalorización a finales de los años 80, a raíz del estreno de “Henry, retrato de un asesino”. La película dirigida por John McNaughton, estaba en deuda con el film de Lustig, peldaño básico entre el terror teenager tipo “Viernes 13” y el brutal film protagonizado por Michael Rooker. “Maniac” es una auténtica gema del terror de los años 80, que tuvo pocos precedentes (el “Driller Killer” de Abel Ferrara, “Demencia” de Joe D´Amato y, quizás, “El asesino de la caja de herramientas” de Dennos Donelly) y escasos seguidores (la italiana “El destripador de Nueva York” de Lucio Fulci y la neozelandesa “The Ugly” de Scout Reynolds) y 23 años después aun conserva su aire malsano y enfermizo que la hizo popular en su momento.


3.- La ley del talión: Charles Bronson puso de moda la auto-defensa con “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, uno de los títulos más emblemáticos del cine extremista norteamericano que incidía en los instintos más básicos del espectador. La temática no era novedosa. Innumerables westerns y filmes de cine negro habían presentado ideas similares en contextos parecidos. Sangrientos pistoleros y personajes al margen de la ley habían escenificado todo tipo de venganzas en innumerables euro-westerns (uno de sus temas de cabecera). Pero lo que distinguía a la película de Bronson de otros modelos era mostrar una violencia sin tapujos desencadenada en una ciudad moderna, cuna del desarrollo humano. Ya en los años precedentes, el cine había presentado a policías en la cuerda floja legal en títulos tan importantes como la citada “French Connection” y “Harry, el sucio”, convertidas con el paso del tiempo en auténticos clásicos. En esa misma época muchas “Blaxplotation” presentaron a héroes negros al margen de la ley, imponiendo su justicia a sangre y fuego mediante métodos muy expeditivos.
Aún así, las aventuras del liberal Paul Kersey, caucásico y armado hasta los dientes, sorprendieron al público de la época, provocando un sin fin de imitaciones y variaciones protagonizadas por adalides de la justicia popular. Muchas de ellas, explotaron las situaciones violentas sin ningún tipo de rubor como la sangrienta saga de “El exterminador”. Otras, las más minoritarias, reflexionaron con agudeza sobre la figura del justiciero urbano, sus frustraciones y la propia sociedad que los generaba, caso del excepcional “Taxi Driver” de Martin Scorsese.
Pese a ser un subgénero generalmente vilipendiado, se pueden citar entre la maraña de títulos, algunos filmes reseñables como “El expreso de Corea” (1977, John Flynn), “A la caza” (1979, William Friedkin) y “Ms45 / Ángel de venganza” (1981, Abel Ferrara). Esta última es doblemente destacable, porque el viril justiciero era sustituido por una afligida e inocente joven, violada dos veces el mismo día, que eliminaba de forma contundente a sujetos poco recomendables.
“Vigilante” (1982), la segunda película oficial de Bill Lustig pertenecería a este grupo. Este western urbano, consecuencia directa del exitoso film de Bronson (de hecho, coincide en el tiempo con su secuela, llamada explícitamente en España “Yo soy la ley”), carece del tono apologético y fascistoide de muchos de estos films. La visión tétrica y sórdida de una Nueva York carente de justicia donde la ley la imponen un grupo de vigilantes (algunos de ellos ex-policías) se contrasta con la experiencia de un hombre cuya familia es destrozada por un grupo de pandilleros, uno de los cuales asesinará brutalmente al hijo del protagonista. La película contiene todos los ingredientes del subgénero, pero su deshilvanada narración, las violentas escenas brillantemente estilizadas (los asesinatos adoptan la forma de auténticas ejecuciones) y la frialdad de sus imágenes, la convierten en una obra menor aunque no desdeñable. La película fracasó y cubrió de deudas a su director pero como otros tantos títulos de su autor fue recuperado posteriormente gracias al miniculto de alguno de sus protagonistas: Robert Foster, Fred Williamson, Woody Strode y, en un breve papel, Joe Spinell.

4.- Llega Larry Cohen: Bill se alió a mediados de los 80 con Larry Cohen, uno de los nombres fundamentales del cine b de los últimos 30 años, que le puso en bandeja el guión de “Maniac Cop” (1988), psycho-thriller policíaco que mezclaba con buen tono acción, terror, humor negro y notas antisistema. El asesino que asola las calles en “Maniac Cop” es un policía revivido (nunca queda claro si llego a morir completamente) que mata indiscriminadamente a víctimas inocentes y a miembros del cuerpo de policía. El “maniac cop”, de nombre Matt Cordell, es el reverso oscuro de Harry Callahan, vigilante nada ejemplar del buen orden, traicionado por sus superiores y políticos, y enjaulado en la misma cárcel donde cumplían condena muchos de los delincuentes que metió en prisión. Sin la popularidad que otras sagas terroríficas, “Maniac Cop”, es una efectiva serie B (su presupuesto rondó los 1.100.000 dólares) con habilidosas ideas de puesta en escena y logradas secuencias de acción, que no impiden los inevitables aunque ingeniosos crímenes. El film de Lustig supuso un envidiable giro y una bocanada de aire fresco a las trilladas casquerías de los inevitables asesinos enmascarados. Además su mixtura genérica la emparenta con dos agradables “action movies” de la época “Terminador” y “Hidden: Oculto”.
El nuevo filón fue aprovechado rápidamente por el dúo Cohen-Lustig para facturar “Maniac Cop 2” (1990) una brillante secuela que supera en casi todos los aspectos al modelo original. En esta ocasión Cordell encuentra un inesperado aliado de tropelías en un sádico asesino con el que mantiene una ambigua relación. Mientras los asesinatos se suceden un detective reabre el caso Cordell para esclarecer la verdad. Repleta de tiroteos (destacable el ataque en la comisaría), sorpresas, persecuciones, algún momento terrorífico, “Maniac Cop 2” no solo prolonga las virtudes del original sino que añade nuevas ideas que mitifican la inquietante figura del policía maniaco. Para muchos es el mejor film de Lustig.
Todo se truncó con la segunda secuela “Maniac Cop 3. Badge of silence” (1992), un film repleto de problemas y cuyo director tuvo que abandonar el rodaje semanas antes de su conclusión por discrepancias con los productores. Lustig la define como una película de comité ya que las decisiones eran tomadas por un grupo de productores que habían estado ausentes en los dos primeros films de la serie. El guión de Larry Cohen fue reescrito, día a día, por el productor Jel Soisson, responsable del resultado final y codirector de las escenas adicionales que no rodó Lustig (que por cierto, intentó infructuosamente que su nombre no apareciese en los créditos). En “MC 3” hay sitio para el vudú y para extraños ritos de descendencia que enrarecían la trama policíaca, repleta de escenas de acción y momentos de misterio pero la película acababa naufragando en un aburrido y repetitivo clímax que destroza las aportaciones iniciales. Ni Lustig, ni Cohen han vuelto a reanudar la serie ni hay visos de futuras secuelas.
Aún así el dúo B del cine americano volvió a reunirse para orquestar una especie de variación de la serie Maniac Cop, “Uncle Sam” (1997). En este film se juega con la polémica figura del Tío Sam desde una perspectiva claramente siniestra y abiertamente crítica. El planteamiento del film es interesante: un soldado americano, muerto en Kuwait por fuego amigo durante una fracasada operación, resucita en su pueblo natal provocando una escabechina, entre todos los que no respetan los auténticos valores americanos. La original idea dio, sin embargo, un resultado muy por debajo de sus posibilidades, y el propio Lustig no se sintió muy satisfecho con el “final-cut”. Quizás se debió a los problemas que el director tuvo con los productores pero hay que reseñar que en esta ocasión el guión de Larry Cohen se estanca a la mitad del film para centrarse en una anodina sucesión de asesinatos en lugar de seguir la senda de la cruel venganza de un peligrosísimo héroe de guerra. Además hay una sensación de extrañamiento, como si la ambientación rural molestase a Lustig, más habituado a la suciedad y tenebrosidad de las grandes ciudades. “Muerto el 4 de Julio” (título español del film) es una película atípica donde el director nunca encuentra su sitio en la narración y donde Cohen repliega sus oleadas críticas en contados momentos. Como curiosidad reseñar que existe un pequeño pero olvidado film de terror que con planteamientos similares obtuvo mejores resultados, “Deathdream” (1971) de Bob Clark o la pesadilla de Vietnam llevada en clave zombie a la América de los 70.

5.- La lista negra: Entre los dos primeros títulos de la serie Maniac Cop, Hill Lustig facturó dos films de acción ágiles y concisos. “Hit List / De profesión asesino” (1989) es un thriller urbano centrado en el enfrentamiento entre un hombre normal y un peligroso asesino al servicio de unos mafiosos que secuestra por error al lánguido protagonista. Venganzas, justicia urbana y corrupción policial, bien servidos por el director y aderezado con violentas escenas de acción. Más interesante es “Relentless” (1989), nueva vuelta de tuerca al tema de los serial-killers en clave de thriller policial. El film presenta a un asesino maniaco (y van …) cuyos crímenes son investigados por Sam Dietz, un detective recién llegado a Los Ángeles. En esta ocasión el psicópata homicida escoge un oscuro pasado repleto de agresiones y vejaciones provocadas por su siniestro padre, un ejemplar policía, de intachable trayectoria y héroe del cuerpo. Dirigida con buen pulso, “Relentless” se aleja del habitual universo oscuro de su realizador para adoptar un tono realista y poco terrorífico. El éxito del film ha generado tres secuelas (ya sin la presencia de Lustig) en las que el personaje de Sam Dietz perseguía implacablemente a otros asesinos en serie.
El otro film que aparece en su filmografía es “The Expert” (1995), un vehículo de acción al servicio del cachas Jeff Speakman, con el que Lustig tuvo serios problemas. La película aparece dirigida por Rick Avery, por lo que es de suponer que el director de “Vigilante” abandonó el rodaje. Aún así, el guión escrito por Larry Cohen y Max Allan Collins aparecen claros referentes a sus temas mas recurrentes. La historia tiene que ver con un hombre que mató sádicamente a su hermana, irónicamente rehabilitado por una sentencia que le libró de la pena capital. Los resultados en esta ocasión no fueron nada óptimos.

6.-The Tarantino Connection: Quentin tarantino retomó algunas ideas de un proyecto inconcluso (“My best freind´s Birthday”) para escribir un guión con su compinche Roger Avary que se llamó inicialmente “The open road”. La historia era un homenaje a las “road movies” (en concreto al “Malas tierras” de Terence Malick) y al mítico “On the road” de Jack Kerouac. Con el tiempo y las diversas versiones “The open road” pasó a llamarse “True romance” perdiendo por el camino algunos elementos de su inicial enfoque de carretera. El guión, en principio, no lo quería nadie (hablamos de la época en que Quentin era un perfecto desconocido) y tan solo interesó al productor Stan Margolies. Tras mover el proyecto durante mucho tiempo, Margolies encontró un director que se hizo cargo del proyecto: Bill Lustig. El productor le conocía por el exitoso “Relentless” pero Quentin era un auténtico fan del director, con especial preferencia por su “Maniac Cop 2”. Lustig trabajo cerca de de un año en el proyecto. En ese tiempo modificó y reestructuro el guión, algo en lo que Quentin no estuvo muy de acuerdo. En el verano del 91, la compañía Cinetel se interesó por el film y respaldó el proyecto colocando una cifra cercana a los tres millones de dólares. Todo iba sobre ruedas hasta que apareció Tony scout y el film saltó de categoría. Lustig se vio en la calle de la noche a la mañana, sin proyecto y sin película. Scott acabó dirigiendo el film que en España se llamó “Amor a quemarropa” (1992). No podemos saber a ciencia cierta que podría haber hecho Lustig con esta historia, ni tampoco, si hubiera supuesto ese proyecto que muchos realizadores esperan para saltar a los grandes estudios. Sin embargo y vistos los resultados, el “True romance” de Lustig habría sido más violento y menos condescendiente que el citado film de Scout y seguramente hubiera mantenido el final que Tarantino había escrito en su guión.

7.- Con la miel en los labios: “Amor a quemarropa” no es el único proyecto que ha naufragado en la trayectoria de Lustig. Durante un tiempo, animado por Joe Spinell, se barajó la posibilidad de una secuela de “Maniac”. Sin embargo, el director neoyorquino no encontró el enfoque perfecto para ello. Spinell siguió con ello adelante y embarco en el proyecto al joven director Buddy Giovinazzo, con el que escribió un guión e incluso rodaron un trailer. Desafortunadamente, la prematura muerte de Joe Spinell en 1989 echó por tierra la realización de “Maniac 2”.
En la época en la que promocionaba “Vigilante”, Le ofrecieron la posibilidad de rodar “The last horror film” (83), una especie de variación de “Maniac” que narraba la historia de un enloquecido fan obsesionado con su actriz favorita y a la que persigue en pleno festival de Cannes. El film reunía a los protagonistas de la película de Lustig (Joe Spinell y Caroline Munro) pero rechazó el proyecto, algo de lo que se arrepiente actualmente.
Después del problemático rodaje de “Maniac Cop 3”, Lustig trabajó en otro de sus proyectos malditos, un remake del clásico film de Jules Bassin, “Brute force”. El guión , escrito por el gran Richard Brooks, narraba la historia del maquiavélico jefe de una prisión que provocaba un motín para eliminar de manera selectiva a todos los presos. Lustig trabajó de nuevo con Larry Cohen en el guión pero el proyecto desafortunadamente no fructificó.


8.- Movie movie: En 1997 un Lustig algo cansado de los kafkianos mecanismos de la industria del cine, dio un sorprendente giro a su carrera. Ese año, adquiere los derechos americanos de una veintena de títulos del catálogo Hammer para su distribución en el mercado videográfico. Se inicia así, una etapa como productor y restaurador de películas en formatos videográficos que le vincula al prestigioso sello “Anchor Bay Entertainment” y posteriormente a su propia empresa “Blue Underground”. Esta auténtica aventura cinéfila ha sido todo un lujo para Lustig, que a lo largo de este tiempo ha supervisado y/o restaurado más de 400 films (obras de Argento, Carpenter, Michael Mann, Werner Herzog, John Woo, etc.) incluyendo sus propias películas. También ha producido y colaborado en muchos documentales que acompañan las ediciones especiales de algunos de estos clásicos. Y en su propio sello “Blue Underground” se ha ocupado de rescatar algunos títulos extraños del cine setentero, piezas degustadas por amantes del cine trash o buscadores de rarezas fílmicas (horror italiano, films de Jesús Franco, oscuras producciones americanas, …).
Hoy en día, Bill Lustig no rechaza volver a dirigir aunque no le importa seguir trabajando en su actual ocupación. Regrese o no a las pantallas, el cineasta neoyorquino debe ser recordado como un pequeño islote del cine norteamericano de los 80, uno de los últimos herederos de la casi extinguida serie B americana, un verdadero cronista de oscuras historias repletas de venganzas, muerte, justicia y peligrosos maniacos.

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