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miércoles

▼ REVIEWS

DOSSIER: La noche del terror ciego

Templarios tratados convenientemente por José Luis Salvador


En 1971 es estrenada La noche del terror ciego, punto de partida de la saga de los templarios y que contaría con tres secuelas más, todas dirigidas por su creador, el gallego Amando De Ossorio. En principio, el título original iba a ser “Terror ciego”, pero para aprovechar el éxito de La noche de los muertos vivientes (The Night of the Living Dead, 1968) de George Romero, y de La noche de Walpurgis (León Klimovsky, 1971), auténtico título señero del fantaterror hispano en el mundo, se le añadio la coletilla de “La noche de”. Nada más comenzar la película, llama la atención la banda sonora compuesta para la ocasión por Antón Garcia Abril, autor de los scores de la mayoria de las comedias españolas de los 70, unos cantos gregorianos que suenan muy tetricos y que según parece ser, fueron grabados solamente por dos voces, entonando al reves el nombre del productor Perez Giner y tratados convenientemente. Sin duda, nos encontramos ante uno de los mayores logros de este músico y una de las mejores, si no la mejor, banda sonora que tubo el género en España.

La acción nos lleva a alguna parte de la costa portuguesa, donde se reencuentran dos viejas amigas, Betty (Lone Flemning) y Virginia (la catalana Elena Arpón, acreditada como Helen Harp). Virginia esta pasando unas vacaciones con Roger (César Burner), el cual se muestra muy interesado en Betty, por lo cual la pide que les acompañe a una excursión al campo que tenian pensado hacer al día siguiente. Una vez en el tren, Virginia se siente incomoda por el filtreo entre Betty y Roger, por lo cual desea marcharse del tren. Si en un principio parece una cuestión de celos por Roger, descubrimos que en realidad hay algo más; Betty y Virginia fueron amantes en los tiempos de la escuela, cosa de la que Virginia no parece sentirse muy orgullosa, al contrario de Betty. Hago aquí un inciso para llamar la atención sobre el nombre del personaje de Elena Arpón, Virginia, y de su comportamiento en este asunto, ¿acaso el nombre viene dado por una doble intención de Ossorio?. Cuando parece que Virginia a sido convencida para quedarse, salta del tren en marcha en medio del campo (si bien se ven unas ruinas a lo lejos). Pese a los avisos de Roger y Betty, por alguna razón que descubriremos más adelante, los maquinistas no detienen el convoy.

Virginia se dirige a las ruinas que ha visto desde el tren con la idea de pasar la noche alli, sin saber muy bien donde se esta metiendo. Mientras esta duerme, en medio de la noche suenan campanadas en el cementerio. Vemos como las tumbas empiezan a resquebrajarse, manos descarnadas salen de las lapidas y finalmente, los esqueletos encapuchados de los monjes-guerreros hacen acto de presencia. Se trata de una escena con un atmosfera irreal, que enlaza directamente con el Bécquer de “El Monte De Las Animas” o “El Miserere”, una de las más reconocibles influencias de la saga. Durante la persecución, tenemos uno de los mayores hallazgos visuales de la tetralogía: las cabalgadas a camara lenta de los caballeros templarios. Por cierto, cabe destacar, que la persecución en campo abierto que sufre Virginia a manos de dos jinetes zombis, recuerda a la que llevan a cabo dos Nazgul a Frodo y Arwen en El Señor De Los Anillos (The Lords Of The Rings, 2001) de Peter Jackson. ¿Coincidencia?, quien sabe, no es la única vez en la que se dan estas similitudes entre escenas de la obra de Ossorio y las de algunas películas posteriores.

A la mañana siguiente, Roger y Betty deciden ir a buscar a su compañera, pero nadie les quiere decir nada sobre el presunto pueblo abandonado hacia donde Virginia se dirigio, ni acompañarles a buscarla. Al final logran llegar alli a caballo, pero una vez en el lugar, algo asusta a los animales que salen despavoridos. La pareja inspecciona el pueblo, y es sorprendida por la policía, que les informa de que su amiga a sido encontrada sin vida en las inmediaciones de la via del tren, presentando varios mordiscos de dentaduras distintas, ninguna mortal, pero que la han dejado sin una gota de sangre en el cuerpo. Una vez en el deposito de cadáveres, Virginia resucita y ataca al guardia de la morgue. Mientras, sus amigos se dirigen a informarse de la credibilidad de las leyendas que les ha contado la empleada de Betty sobre las ruinas del pueblo y los caballeros templarios. En el ministerio de Educación, un profesor con pinta de chiflado les explica que Berzano (nombre del pueblo abandonado), era en la antigüedad un priorato de los templarios, donde practicaban ritos satánicos. Por estos hechos fueron condenados a muerte por herejes, y sus cadáveres expuestos a la opinión pública hasta que los cuervos les arrancaran los ojos, motivo por el que ahora vagan ciegos, localizando a las victimas por el sonido, para continuar sacrificando victimas al diablo. En este momento es interrumpido por un inspector de policía, que argumenta que todo es una mentira del viejo para defender a su hijo, un contrabandista que actúa en la zona. También informa a la pareja, que el cuerpo de su amiga fallecida ha sido robada del deposito. Mientras el profesor cuenta la historia de los caballeros de la orden del temple (con algunos detalles sacados de la verdadera orden, como que fueron asesinados por herejes), Ossorio aprovecha para incluir una escena ambientada en el medievo, muy bien planificada y llevada a cabo, en la que vemos como después de torturar a una muchacha, los monjes beben sangre de sus heridas. Esta escena en el montaje americano, esta situada como prologo, antes de los títulos de crédito.

Betty llama al taller de maniquís en el que trabaja, para dar unas instrucciones y de paso alertar a su ayudante, pues el taller se encuentra proximo al deposito de cadáveres de donde ha sido robado el cadáver de su amiga. Demasiado tarde, cuando esta va a echar el cerrojo de la puerta, el zombi de Virginia ya ha entrado en el taller. Ataca a la muchacha, que tras intentar escapar y forcejear con la resucitada, la prende fuego, destruyéndola asi. Es curioso la inclusión de este capítulo en la película, de todas las victimas de los diabólicos zombis, Virginia es la única en toda la saga a la que le transmiten esta especie de vampirismo, y resucita en busca de sangre, sin que halla ninguna explicación para saber por que en este caso el mordisco de los caballeros causan estos efectos y en los demás no.

Sin saber lo ocurrido en el taller de maniquís, Roger y Betty van a pedir ayuda a Pedro, el hijo contrabandista del profesor, para ir a Berzano y descubrir si, como dice la leyenda, todo lo que ocurre es obra de los caballeros templarios o bien es una maniobra del contrabandista para alejar a la gente del lugar. Este acepta acompañarles al lugar para demostrar su inocencia, acompañado de María (Maria Silva). Llama la atención la caracterización del personaje de Pedro, cercano al de un proxeneta, sobre todo si tenemos en cuenta que, aunque se trata de un contrabandista, es el hijo de un ilustre profesor. Una vez en Berzano, y dejando de lado la inclusión de los torpes escarceos amorosos entre los protagonistas, que no aportan nada a la historia y lastran el ritmo de la cinta, tenemos la segunda aparición de los templarios, donde el director gallego no escatima recursos para demostrar el sadismo de estos con sus victimas. Y es en este último tercio de la cinta, donde encontramos sus mejores momentos, como la hipnótica escena del asalto al tren, donde se sitúa un plano que, por derecho propio, merece estar en todas las antologías del fantástico. Me refiero a la impactante imagén del goteo sobre la cara de una niña de la sangre de su madre, recien degollada por los templarios.

Aunque el resultado final de la cinta peca de ser bastante irregular, siendo demasiados forzados algunos personajes, asi como la inclusión de escenas con un marcado carácter erótico, fruto indudable del periodo socio-político que vivia España por aquellas fechas y que a la postre acabo convirtiendose en una de las señas de identidad del género fuera de nuestras fronteras, la principal virtud del film, la poderosa fuerza de la puesta en escena de las secuencias terroríficas, sigue igual de fresca que en el momento de su estreno. Además, en La noche del terror ciego se dan cita muchos de los ingredientes que se irán sucediendo habitualmente en el resto de la tetralogía, si bien ciertos detalles irán cambiando en cada entrega. Por un lado tenemos el triángulo amoroso, la inclusión de alguna escena erótica, en este caso, las relaciones lesbicas entre las dos muchachas, el encierro y acoso que sufren los protagonistas a manos de los templarios, y la escena ambientada en la edad media, que servira al director gallego, de aquí en adelante, para mostrar las credenciales de los siniestros templarios.

Escena

3 Comentarios:

14.7.07 Anonymous Anónimo

Una de las musas de Ossorio y Jess Franco: la portuguesa Carmen Yazalde o Britt Nichols.

 
12.10.07 Anonymous Anónimo

Salvador Sainz fue amigo del gran Amando de Ossorio, director gallego

 
11.4.08 Blogger Horror

Gran tetralogía de Ossorio, ni hablar de las dos primeras.

Saludos

 

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