Psychotronic Kult Video.tk: DOSSIER: Hammer Films (Drácula) <body OnContextMenu="return false"><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d21878572\x26blogName\x3dPsychotronic+Kult+Video.tk\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLACK\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://psychotronickultvideo.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des_ES\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://psychotronickultvideo.blogspot.com/\x26vt\x3d9189659977127148319', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script> <script src="http://www.google-analytics.com/urchin.js" type="text/javascript"> </script> <script type="text/javascript"> _uacct = "UA-2239433-1"; urchinTracker(); </script>

domingo

▼ REVIEWS

DOSSIER: Hammer Films (Drácula)

Hammer, auge y decadencia a través de Drácula por Carlos Salazar


A finales de 1957, en los estudios Bray, sitio de filmación de las películas de la productora Hammer, se comenzaba a gestar un nuevo ciclo de películas basadas en otro monstruo clásico: Drácula. Así como la Universal en los años treinta, ahora la Hammer daba de que hablar desde principios de 1957 con su Curse Of Frankestein. La productora empezaba a mostrar su poderío, pero su consolidación sólo se daría con esta nueva serie de Drácula que se extendería con más pena que gloria desde 1958 hasta 1973, año de filmación de The Legend Of The Seven Golden Vampires, última película del ciclo.

Para Horror of Dracula (1958), la primera película del ciclo, fueron varios los talentos reunidos. Primero, la dirección de Terence Fisher que ya había mostrado su calidad en Curse Of Frankestein; Fisher, quién hasta 1957 era un segundón y que había fracasado estrepitosamente sin dar con un rumbo claro, tuvo un segundo aire con su introducción al mundo fantástico. Bien conocidos son sus aciertos: la relación del contenido del plano con los decorados, realzando las estructura clasicista del castillo; el aire austero de la taberna, con su humo, su iluminación tenue; las formas góticas otra vez del castillo; la utilización del rojo escarlata. Fisher siempre se preocupó por otorgar una concepción geométrica de la puesta en escena, movía la cámara después de estudiar el resultado de los ensayos, cuando analizaba las relaciones entre personajes, movimiento y decorados para extraer la conclusión de su necesidad; procuraba que sus secuencias de terror no fueran fragmentadas para evitar el montaje paralelo que resta tensión a estas escenas; pretendía, con su estilo geométrico, otorgar cierta quietud a sus actores, dejando la cámara estática, salvo en los momentos de acción, cuando utilizaba movimientos de cámara, por ejemplo travellings a la hora de mostrar el castillo o sus alrededores. Su disciplina estilística llegaba hasta la post-producción, donde sugirió la eliminación del sonido de los pasos del conde para generar un aire sobrenatural.

El guión de Horror of Dracula se basaba en la obra de Bram Stoker y se respetaron muchos aspectos de la novela, sobre todo de la primera parte. Si bien Jimmy Sangster realizó un guión correcto y preciso formalmente, es más escueto y sencillo de lo que parece, en definitivas, cumplió. Los aspectos temáticos que revolucionaron la película fueron el erotismo y la doble lectura moral –las maneras del conde, la seducción, la lascivia que desprenden aquellas chicas que han sido vampirizadas–, ideas que iban en contra de aquella retórica moral tan difundida en la época. Drácula es una representación del mal que contagia no sólo el cuerpo sino la mente, y es ahí donde Van Helsing se contrapone como elemento obsesivo y solitario, que intenta restablecer un orden moral que de por si siempre ha sido caótico, por lo menos en lo profundo de la mente. Si se quiere ejemplificar, recuerden la escena donde Lucy deja abierta la ventana para que el conde pueda entrar o cuando Mina regresa de su escaramuza nocturna con una expresión de satisfacción total; en definitivas, el mal que se presenta y transgrede unas normas sociales que a largo plazo en nuestra sociedad serán reemplazadas. Fisher, en este sentido, fue un observador de ese contexto, y de ahí radica el auge que la obra tiene como objeto de estudio; ya los asuntos sobre si es la primera vez que se muestran colmillos, la sangre en la comisura labial, o si los escotes de las chicas vampirizadas son atractivos o no, son anécdotas que bien enriquecen el tema pero no son el punto de discusión central.

No podemos dejar de lado a sus actores principales. Christopher Lee, quién hasta entonces, al igual que Fisher, pertenecía al submundo de los segundones y que parecía condenado a ese estado, le confirió al papel un magnetismo animal, maneras aristocráticas, elegancia, presencia, al igual que esa actitud de sólo reaccionar cuando es necesario. Sus diálogos no son muchos pero no le hacen falta: los planos al pie de la escalera o cuando, furioso, recrimina a su chica vampirizada por tratar de seducir a Jonathan, dan prueba de ello. El bueno y flemático de Peter Cushing encarnó a Van Helsing, ese extraño doctor, con su actitud analítica y fría, pero provista de un aire mágico que le permite advertir los movimientos del conde. No sólo su actuación es notable: es sabido que la escena final donde Cushing arranca la cortina para dejar entrar la luz, así como los míticos candelabros cruzados para exterminar al mal, fueron ideas de él mismo aceptadas sabiamente por Fisher. La música estuvo a cargo de James Bernard, con su estilo orquestal y ampuloso, y el trabajo de maquillaje a cargo de Phil Leakey, quién con mínimo presupuesto logró efectos más que decentes: sólo recuerden la escena en que la mujer vampiro se convierte en anciana luego de serle clavada la estaca. En resumidas cuentas, todo habla de un gran equipo de trabajo que se compenetró adecuadamente.

En su estreno, sin embargo, las cosas no andaban bien. La película fue lapidada y atacada desde todos los sectores y sólo fue defendida por el crítico Paul Dehn (posterior guionista de la saga de El planeta de los simios), pero, con el paso de los días, las voces de crítica fueron acalladas y la película encontró su público y cosechó un éxito importante. En 1960, la Universal presionaba a la Hammer para que filmara la secuela de Horror of Dracula. Sangster había escrito un guión titulado The Disciple Of Drácula, pero el guión no gustaba del todo a los productores; además, Christopher Lee tenía firmados múltiples compromisos para ese año, no deseaba interpretar al conde y se sentía muy inconforme con el salario que había recibido por Horror Of Drácula. Así, los productores le pidieron el favor a Peter Bryan (guionista de The Hound Of Baskervilles) que rescribiera el trabajo de Sangster; posteriormente su trabajo fue retocado por Edward Percy y por el propio productor Anthony Hinds; esto desembocó en lo irregular del guión, aunque Fisher supo contrarrestar esto y lograr una de las mejores películas de la saga. Eliminada la figura del conde, se dio la aparición del Barón Meinster, especie de discípulo del conde Drácula, quien vive encerrado en su castillo prisionero de su propia madre. Al llegar una nueva institutriz a la región, ésta se hospedará en el castillo del Barón, donde lo liberará desencadenando los hechos que, como todos se pueden imaginar, no son buenos.

Es en está cinta donde, sin lugar a dudas, Fisher va más allá de la sola sugerencia sexual. Por un lado, se explora el incesto, ya que la primera víctima del recién liberado Barón será su madre. Luego el homosexualismo se hace presente, cuando en una escena memorable, el Barón, luego de combatir con Van Helsing, lo vence y lo muerde para convertirlo a su séquito. Adicionalmente, en varias escenas las chicas vampirizadas lanzan lascivas miradas y una de ellas intenta seducir a Marianne, la damisela en peligro. La figura de Van Helsing (Peter Cushing) tampoco se salva, ya que, debido a su atracción por Marianne, su enfrentamiento con el Barón adquiere connotaciones de oposición frontal por motivos sexuales. Se trata, pues, de una película en la que la lucha entre la fascinación sexual sin medida y el autocontrol defensivo, pugnan por sacar una luz que permita someter una a la otra. El aspecto técnico es impecable. A las cualidades de Fisher ya descritas, se agregan la utilización de la profundidad de campo para crear escenas memorables, como la del viejo molino, y la utilización de los decorados, ya sea en el castillo, donde se plasma una aristocracia en franca decadencia, o en el colegio donde da clases Marianne, en el que bajo ese manto de tranquilidad se esconden importantes tensiones sexuales subterráneas. Los personajes no desentonan, excelentes Peter Cushing y Martita Hunt. De David Peel, actor de teatro que encarnó al Barón Meinster, se respiraba un aire de escepticismo. Sin poseer las características de Lee, su aire juvenil y afeminado parecían colocarlo en un papel caricaturesco, pero, contrario a cualquier pronóstico, Fisher supo plasmar en él ese aire de pasión sexual ilimitada, asumiendo al personaje como un detonante que encajaba perfectamente en los momentos de tensión. Como final de la historia, se pretendía eliminar al Barón con una bandada de murciélagos del infierno, para castigarlo por sus actos, pero el alto costo de producción que ello implicaba, constituyó para Fisher, a quien al parecer la idea le parecía extremadamente moral, la excusa perfecta para eliminarlo del guión (no obstante este final sería utilizado por el australiano Don Sharp para Kiss Of Vampire (1963) otra película con el tema vampírico como protagonista). Es llamativo recordar que la censura de la época cortó la mayoría de las escenas violentas, pero dejó intactas todas las de iniciativa sexual, quizás sin percatarse de lo que ofrecían entre líneas.

La verdadera continuación de Drácula llegaría en 1965 con Drácula, Princess Of Darkness, nuevamente de la mano de Terence Fisher, con la reaparición de Christopher Lee como el conde, pero con la ausencia de Peter Cushing como Van Helsing. No todo fue fácil, Lee aceptó interpretar al conde, pero no estaba de acuerdo con su salario, así que convino que le pagaran por días: de ahí sus escasas apariciones. Además, no estaba conforme con los diálogos, según él bastante mediocres: de ahí que, en una reunión entre Fisher, Sangster y Lee, se acordó que el conde no tendría diálogos, sólo gruñidos y miradas. ¿La nueva historia? El tiempo ha pasado y dos parejas deciden veranear por el paisaje transilvano donde se encuentran con Klove (siniestro sirviente de Drácula), quien los invitará a pasar una noche en el castillo y aprovechará la ocasión para revivir a su amo tras un sacrificio ritual. Nuevamente el tema sexual, presente como en toda la filmografía de Fisher –las dos parejas con una aparente estabilidad emocional, pero que dentro de ellas desean explotar hacia una sexualidad sin control para liberarse de su prisión mental–, es más que evidente; pero, ahora, se agrega un nuevo tema, la religión, encarnada por el padre Sandor (Andrew Kier), quien por momentos muestra mayor odio por el mal que una verdadera defensa del bien. Esta figura, y la vampirización de las chicas victorianas son lo mejor de la película. Helen, después de convertirse al lado de las sombras, desata todo su furor sexual y, luego de ser atrapada, será exterminada en una discutible escena donde los monjes sujetan sus brazos y piernas mientras el padre Sandor introduce la estaca en el cuerpo de la mujer, con una evidente sugerencia de un acto de violación. En otra escena, el conde se rasga el pecho con la uña y pretende que Diana, la otra chica, succione la sangre en clara relación a una felación.

Fisher no utiliza estos ejemplos para escandalizar o crear ampollas en las mentes de los censores, sino como una forma de dar coherencia a una trilogía que alcanza hasta aquí sus connotaciones sexuales más directas. La escena donde el conde vuelve a la vida con el cuerpo del “sacrificado” que pende sobre las cenizas del vampiro, boca abajo y los brazos estirados como si de una crucifixión invertida se tratará, es una de las escenas de mayor impacto, aunque la idea original era cercenar la cabeza del sacrificado mientras sus ojos abiertos observaban todo. Como se deben imaginar, la censura de la época cortó esta escena. A toda esta marejada simbólica y conceptual, se añade la inteligencia de Fisher para volver a plasmar bellas imágenes con su ya conocido estilo a la hora de utilizar la cámara, que aquí hace escuela, y la relación entre la presencia y la ausencia, incluyendo miradas hacia fuera de campo (las que lanza Ludwing, el encuadernador loco, claro referente al Renfield literario), llegadas presentidas y apariciones inesperadas (el conde y su impresionante figura en la ventana del convento). El final no es menos: el conde atrapado en una tumba de hielo (que realmente eran toneladas de cera), suspendido hasta que otro incauto lo libere de su prisión. Pero después de ésta, Terence Fisher no volvería a rodar ninguna otra película con el conde como protagonista, lo cual repercutirá en la evolución que en los años siguientes tendría el personaje. Es pues evidente y concluyente que esta trilogía manejada por él, fue lo más inventivo e importante de toda la saga. Como dato curioso, Drácula Princess Of Darkness y Rasputin, The Mad Monk fueron grabadas casi al mismo tiempo y en los mismos escenarios; lo mismo pasó con The Reptil y The Plague of Zombis. Para que los espectadores no se dieran cuenta de las similitudes en los escenarios, se estrenaron en función doble, pero intercaladas, Drácula Princess Of Darkness con Plague Of Zombis y Rasputin con The Reptil.

Todo parecía indicar que Terence Fisher dirigiría la siguiente película de la serie Drácula, la cual llevaría el título de Drácula Has Risen From The Grave (1968). Por desgracia, un accidente lo marginó por unos meses y esta labor en recayó en Freddie Francis, uno de los directores de fotografía más competentes de la época y que visitó el género fantástico con relativa frecuencia, aunque es llamativo recordar que Francis ha declarado, en más de una ocasión, que no siente especial interés por el género. Tal vez esta sentencia refleje el resultado de la película, el cual desde el punto de vista formal no ofrece los conceptos rupturistas y los clímax sexuales que Fisher había desarrollado con gran maestría en las anteriores entregas. La película se antoja plana y no va un paso hacia delante como propuesta conceptual, aunque desde el punto de vista plástico hay muchos aciertos. Por ejemplo, la escena en la que la protagonista camina sonámbula por los techos del pueblo, con su iluminación y su milimétrica arquitectura gótica y geométrica, son de una belleza indiscutible; el conflicto final con la cruz gigante que traspasa al conde está muy bien resuelto. El casting no lo hace del todo mal, sobre todo el papel a cargo de Rupert Davies como monseñor; en cuanto a Christopher Lee, aunque recupera algo de diálogos, se le comenzaba a notar el desgano a la hora de interpretar al Conde. En resumen, Drácula Has Risen From The Grave no es una gran película, pero teniendo en cuenta su propuesta estética y lo que produciría la Hammer más adelante, resulta aceptable. Como dato curioso, ésta fue la película de la saga que más dinero recaudó.

La siguiente de la saga, Prueba La Sangre De Drácula (Taste the Blood Of Drácula), fue dirigida por Peter Sasdy en 1969. Esta película fue algo que pudo ser y no fue. En un principio, Anthony Hinds, productor, director y también guionista, había escrito un guión en el que incorporaba un nuevo vampiro, eliminando la figura del conde; se trataba de Lord Courtley, el cual sería provisto de una serie de características sádicas y vengativas nunca antes vistas. Desafortunadamente la compañía Warner, encargada de distribuir la película, no estaba dispuesta a apostar por otro actor que no fuera Christopher Lee; por eso exigió a la Hammer su presencia en la cinta. Así que se cambió la historia y se dejó a Lord Courtley como sirviente del conde.

La idea central sitúa la acción en el Londres victoriano, donde tres respetables hombres de negocios deciden hacer una misa satánica para revivir al conde, ya que están cansados de los simples placeres terrenales y ávidos de emociones extremas. Cuando las cosas se salen de las manos y asesinan a Courtley, reviven a Drácula, quién jura vengarse por lo hecho a su sirviente. Su forma de hacerlo es muy original: utiliza a los tres hijos de los hombres de negocios como instrumento de venganza. En general la idea es buena, pero su puesta en escena es muy torpe debido a la dirección encargada a Sasdy. Este director, que venía del mundillo televisivo, llena la película de todos los clichés de este tipo de producciones: pobre capacidad de síntesis y progresión narrativa, énfasis en escenas sin importancia, molestos zooms, en fin, una incompetencia abismal. El reto le quedó grande a este director, y es posible que este material en manos de un Terence Fisher, tal vez, pudiera haber tenido otro resultado. Aún así, técnica y plásticamente hay aciertos: la capilla gótica, las escenas donde son asesinados los tres hombres de negocios y la resurrección de Drácula en el cuerpo de Courtley son impecables. Las actuaciones no son despreciables, muy bien Ralph Bates como Lord Courtley, Geoffrey Keen y la pequeña Linda Hayden que logró, para sus dieciséis años, una notable interpretación. La posible lectura de la falsa moral victoriana, por los aparentes hombres de familia que una vez al mes salen de parranda, es interesante pero no fue lo suficientemente explotada. Como curiosidad, en la escena del burdel hay varios planos de filmación de mujeres en topless que al final fueron cortadas por la censura. Inicialmente, en vez de que fueran tres los hombres que invocaban al Conde, se pensó en cuatro, y para este papel se previó a Vincent Price, incluso los diálogos estaban listos, pero el presupuesto no era suficiente para los honorarios del actor, así que su personaje fue eliminado al último momento.

A partir de este film se comienza a evidenciar una cuesta debajo de la serie, la cual, a pesar de los buenos momentos, no lograría ya el éxito de sus predecesoras. El último film de esta época sería Las Cicatrices De Drácula (Scars Of drácula, Roy Ward Baker, 1970). Se intentó esta vez enmendar los errores de antes y se encargó de la dirección a Roy Ward Baker, cineasta de confianza de la productora, que poseía por el fantástico la estima y respeto que aparentemente Francis no tenía, y una gran calidad a la hora de narrar historias, contrapuesta a la torpeza de Sasdy. Se le dieron a Christopher Lee fuertes líneas de diálogo y una actitud sádica y bestial como nunca antes. Desafortunadamente, las cosas volvieron a fallar, en parte porque el guión es demasiado flojo, los actores no dan lo mejor de sí (aspecto que aquí fue el más regular de todos) y la aparición de unos murciélagos sobredimensionados es realmente fea. Se intentó llenar al conde de tanta sevicia y maldad como fuera posible, pero ese discutido final, donde al parecer un rayo divino electrocuta y frita al Conde por sus crímenes, resulta muy moral y acomodado. Otro punto para recordar es la relación de Klove (el sirviente de Drácula) con la protagonista femenina, que intenta evocar el tópico de la bella y la bestia: algo que definitivamente no funciona en la película. En resumidas cuentas, se trata de una película con muy pocas ideas, que logra salvarse, en parte, por la presencia de un director como Roy Ward Baker, que logró darle algo de forma a lo que parecía no tenerla.

Los últimos Tiempos: A principios de los años setenta, la situación de la productora no era la mejor, la explotación a la que habían sido sometidos sus monstruos había agotado las expectativas de muchos fans, que ya no veían con entusiasmo estos films. La productora comenzó a hacer una serie de variaciones, obligada por las circunstancias, para no perder la confianza del público. Empezaron a darse mayor énfasis a las escenas sexuales (destapes), alianzas estratégicas entre diferentes géneros para crear films experimentales (vampiros + caballería = Captain Kronos, Vampire Hunter; vampiros + freaks = Vampire Circus) e incursiones literarias (el relato Carmilla, con Ingrid Pitt como protagonista). Es llamativo ver cómo, mientras los primeros posters de la productora tenían como figuras en primer plano a Christopher Lee o Peter Cushing, ya en éstos eran las divas de turno las que se robaban todo el show: Raquel Welch, Carolina Munro o Martine Beswick. Todo este clímax de confusión llevo a dar los últimos coletazos a la serie. Drácula A.D 1972 y The Satanic Rites Of Drácula en 1973, son dos caras de una misma moneda. Ambas dirigidas por Alan Gibson, quien fue, definitivamente, el peor director de todos, el más torpe, el menos intuitivo. Antes, con estos directores, la serie no se quemó antes. En ambas películas la acción se sitúa en el Londres contemporáneo, donde el vampiro volverá a ser revivido y se enfrentará a un nieto de van Helsing, interpretado nuevamente por Peter Cushing. En ambas películas se notaba la desidia y pereza para actuar de parte de Cushing y sobre todo de Lee. Drácula A.D 1972 es la historia de la consabida venganza que se viene gestando desde hace más de un siglo, iniciada cuando un discípulo descendiente del Conde, de nombre Jhony Alucard, lo revive con un ritual sicodélico. Uno de los aciertos es dejar al Conde en la iglesia sin consagrar, para así evitar que salga a las calles, donde de seguro hubiera dado pie a ridículas situaciones.

En The Satanic Rites Of Drácula, aunque es interesante la idea de mostrar a Drácula como el magnate D.D. Denham con un diabólico plan para destruir al mundo, hay demasiadas fallas. Primero, que la escolta del Conde sean unos harleystas barbados sacados de una pesadilla hippie; segundo, que Van Helsing intente acabar con Drácula con una bala de plata en clara referencia a la licantropía; tercero, que si el Conde se ha adaptado tan bien a la sociedad moderna, por qué se empecina en llevar esa capa y ese traje de etiqueta decimonónicos que chillan con el ambiente del momento. En fin, dos películas que no aportan nada nuevo a la serie y que la hundieron aun más en el hueco donde nunca más verían, al igual que Drácula, la luz.

En pleno furor de las películas de artes marciales, la Hammer se asoció con Run Run Shaw Brothers de Hong Kong, para combinar el horror gótico con las patadas marciales creando el subgénero del “karatehorror”. Entre estas mixturas propuestas para salir del total declive económico y artístico, se estrenó en 1973, y bajo la dirección nuevamente de Roy Ward Baker, The Legend Of The Seven Golden Vampires, en donde un Drácula en franca decadencia recibe la inesperada visita del guardián del culto de los siete vampiros de oro, que ha viajado desde la China hasta Transilvania para pedir ayuda al conde Drácula. Así nuestro conde, en vista de que las cosas no andan bien por estos lados, decide transformarse en chino y viajar al país de los ojos rasgados para probar fortuna. La película es bastante mala, aunque el carácter jocoso y el tema son divertidos, y la actuación de Peter Cushing es decente. No hay excusas que puedan defender está película como un buen producto, aunque es válido reconocer, como se dijo anteriormente, que como producto de entretenimiento puede funcionar. Como curiosidad se destaca que los vampiros orientales no se asustan con el crucifijo sino con la imagen de Buda, guiño que muestra algo de ingenio en un guión lineal y simplón.En fin, fueron quince años de buenos y malos momentos, de aciertos y desaciertos, de ingenio y torpeza, pero que demostraron cómo un buen equipo creativo puede lograr a través de un ícono, como es Drácula, una de las mejores series de películas de horror de todos los tiempos. Larga vida a Fisher, Cushing, Lee y demás colaboradores por todo lo que nos dieron.

5 Comentarios:

17.6.07 Blogger BillyTully

Darte la bienvenida y felicitarte por un dossier tan jugoso y grasndioso como el que has realizado, en fin, todo un lujo tenerte como colaborador Carlos y seguro que nos daras muchas alegrias descubriendonos rarezas de tu país "Colombia".

 
17.6.07 Anonymous MARIOBAVA

Gracias al hermano Carlos Salazar de Colombia por este maravilloso dossier...Esperamos seguir disfrutando con tus colaboraciones...Un abrazo desde España.

 
18.6.07 Anonymous cerebrin

Enhorabuena por el artículo. Muy bueno, aunque en algún punto, como es lógico, discrepemos. ;)

 
19.6.07 Blogger berlin

gracias, por la oportunidad de colaborar en el blog, espero que este sea el primero de varios articulos y criticas, un saludo a jose y a los demas colegas, aqui desde colombia.

 
19.6.07 Blogger Hellhammercito

Muy buena reseña, sí señor, enhorabuena y que vengan muchas más.

¡¡Saludos!!

 

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