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sábado

▼ REVIEWS

Lutring, levántate y muere

Svegliati e uccidi IMDb




Año: 1966 (Italia-Francia)
Director: Carlo Lizzani
Interpretes: Robert Hoffman, Lisa Gastoni, Gian Maria Volontè, Claudio Camaso, Renato Niccolai, Gianni De Luca.


Sinopsis: Luciano es un chico de provincias que trabaja en una lechería. Los sábados marcha a la ciudad con sus amigos a gastarse el dinero en alcohol, chicas y juego. En una ocasión conoce a una cantante en un night-club y queda prendado de ella. El joven aspira a ser alguien, aunque sabe que con su empleo en el pueblo eso es imposible. Empieza a robar en una joyería y ya no podrá parar.

Comentario: La banda Casaroli” (1962), de Florestano Vancini, está considerado como el film pionero de gangster-movie a la italiana, basada en el caso real de Paolo Casaroli (interpretado en la cinta por Renato Salvatori), y uno de los primeros títulos que anteceden al poliziesco. El siguiente paso importante en el género lo supone este “Lutring, levántate y muere”, el primero de los 7 policiacos que realizará el muy comprometido, política y socialmente, Carlo Lizzani. Y si bien el género, durante aquellos 60 y 70, arrojaba una mirada cruda y sin paliativos sobre una sociedad en crisis y un estado corrupto, ésta se verá acentuada en el caso de Lizzani (moneda común en toda su filmografía) y otros realizadores como Damiano Damiani (1). Con “Lutring, levántate y muere” el género se hacía más italiano, con menos impronta del noir norteamericano. Con el dinamismo y la acción que definirán el policiaco transalpino, reforzado además por la magnífica banda sonora de Morricone y con los toques de spaghetti-western que definitivamente incorporará Enzo G. Castellari en “La policía detiene, la ley juzga” (1972). A pesar que los 60 fue la década de las gangster-movies en el cine negro italiano, Lizzani se decanta por el fenómeno del bandidismo, con delincuentes que no tratan como aquellos de conseguir el poder, sino de obtener el dinero necesario para salir adelante de manera fácil sin privarse de lujo alguno, y escapar de la situación miserable a la que están condicionados. Movido más por el instinto y el deseo que por la lógica.



La figura del bandido urbano, que tan bien retratara en alguna de sus películas negras Raoul Walsh (2), y que Lizzani trabajara previamente en “El jorobado de Roma” (1960) y a la que volvería en “Bandidos en Milán” (1968). Su Luciano Lutring (interpretado por el austriaco Robert Hoffman) está lejos de los capos mafiosos ansiosos de dominio de los filmes de gangsters contemporáneos. Es un perdedor, que movido por el ansia de tener lo que no puede poseer en una sociedad clasista e injusta (3), anclado en un empleo que odia, acabará tomándolo por la fuerza, entrando en una espiral de delincuencia que le conducirá a un nefasto desenlace. Es un mentiroso, que pretende aparentar un status que no tiene, y que robará en una joyería en un principio para cubrir sus mentiras. Pero es torpe e ingenuo. Unos mafiosos con los que pretende trabajar no lo ven más que como un vulgar ratero, y se aprovecharán de él para dar un golpe en un banco y cargarle el mochuelo. Pronto se verá perseguido por la policía incluso por delitos que no ha cometido, todos se benefician de él. Es, además, un machista que golpea a su chica en diversas ocasiones y está a punto de matarla, cuando ésta le traicione, con el hacha que usa en sus robos. Tras sus pasos va el inspector Moroni (Gian Maria Volontè), quien se destapará como un tipo muy bajo y rastrero, que se servirá de malas artes para lograr sus objetivos, perjudique a quien perjudique y caiga quien caiga. Esta mirada negativa hacia las fuerzas del orden también alcanzan al comisario francés Giuliani (Renato Niccolai), que quiere parar los pies a Luciano cuando éste se encuentra en París.



Más que el auge y caída de un fuera de la ley al estilo del cine de gangsters norteamericano de los años 30, Lizzani marca el intento de subida y el estrepitoso y trágico (e incluso patético) final de un perdedor nato. La escena que abre la película es totalmente reveladora : Luciano llega a la lechería para trabajar después de pasar la noche de fiesta y sin dormir, de repente llegan unos mafiosos que persiguen a un coche y comienza un tiroteo. Una chica sale del automóvil e intenta huir para caer abatida a balazos delante del joven y sus compañeros. Luciano contempla todo a través del cristal de una puerta (seducido quizá por ese salvaje y anárquico modo de vida), una bala atraviesa una de las botellas de leche que termina salpicando el cristal, como bello símil de la sangre de la muchacha. El chico y sus amigos están acostumbrados a robar coches y abandonar hoteles sin pagar, pero será al conocer a Cándida (Lisa Gastoni), exprostituta y ahora cantante en un cabaret con el nombre artístico de Yvonne, en su afán de aparentar un mayor nivel del que tiene, cuando se decida por robar una joyería, y ya no parará. Ella es una chica superficial que, aunque quiere que deje el mundo de la delincuencia (4), está más preocupada en no ir a su propia boda en una coche robado. Además, tras casarse, sigue enrollada con su antiguo chulo, Franco Magni (Claudio Camaso –5-), hecho que descubre y difunde Moroni, y que los mafiosos que se aprovechan de Luciano se lo hacen saber para jugar con él.


Lizzani volverá a tratar, más profundamente, el tema de la prostitución en otro de sus trabajos en el género, “Historia de vida y mala vida” (1975). En su desesperada lucha para salir adelante, Luciano se desvela como víctima del sistema, de los mafiosos e incluso de la policía. Viéndose traicionado por su chica quien, además de engañarle con Franco, acabará delatándolo a la policía, pues prefiere que pase una temporada en la sombra a que lo maten. Traicionado además por Moroni, quien acaba mintiendo a Yvonne y entregándolo a la policía gala, quienes a su vez también le tenderán una trampa para acabar con él. Un círculo vicioso y viciado de traiciones, mentiras y muerte. La crítica italiana señala esta cinta de Lizzani como pionera en su carácter netamente nacional, carente de las fuertes influencias que marcaban en el policiaco transalpino el noir made in USA y el polar francés. Afirmación que, para los que firman estas líneas, no es del todo cierto. Si bien, como indicábamos más arriba, el film hace gala de la acción y la influencia del western all’italiana, que marcará el posterior devenir del poliziesco, en su parte final, la que se desarrolla precisamente en París (recordemos que es una coproducción entre Italia y Francia), el realizador se deja llevar por ciertas influencias gabachas.



Lizzani, cuyos primeros trabajos en la dirección se encuadraron dentro del neorrealismo, y conocidos son sus guiones para Giuseppe De Santis o Roberto Rossellini, parece contagiarse en el último tramo de la película por otro de los llamados nuevos cines de aquel momento, precisamente la nouvelle vague y uno de sus buques insignia, “Al final de la escapada” (1959) (6), el más clásico de los trabajos de Godard en el noir (7). Tanto en la estructura narrativa, que se ve sustancialmente alterada en ocasiones, como esa traición que sufre el protagonista por parte de Yvonne, quien lo vende a la policía como Patricia Franchini (Jean Seberg) hiciera con Michel Poicard (Belmondo) en la cinta de Godard. Víctimas ambos personajes masculinos de ese amor fou que recorre todo el cine negro francés, y de esa fatalidad que persigue a todos sus protagonistas. Además, “Lutring, levántate y muere” termina con el más conocido de los finales del polar, la larga persecución que culmina con la muerte del anti-héroe (si le podemos llamar así) a manos de la policía, que impusiera la primera obra maestra del cine negro francés, el “Rififí” (1954) de Jules Dassin, idea que le propusiera al realizador norteamericano su ayudante de dirección francés.



No obstante, el peso italiano llega a imponerse, y sería, como dijimos al principio, uno de los pilares que cimentaron el poliziesco de la siguiente década. Lizzani realizaría dentro del género, además de los ya citados a lo largo de esta reseña, otros títulos donde nunca estaría ausente su carga crítica de izquierdas, como “Barbagia” (1969), “Turín negro” (1972), versión progresista de títulos contemporáneos como “El ciudadano se rebela” (1974) de Castellari o “El hombre de la calle hace justicia” (1975) de Umberto Lenzi; “Joe el loco” (1974), coproducida con los USA y protagonizada por Peter Boyle y Fred Williamson; o “Un delito inútil” (1976), su último trabajo en el policiaco, si bien algo aún queda en “Una respetable dama burguesa” (1977). “Lutring, levántate y muere” no se estrenó en su día en las pantallas españolas, no creemos que gustara mucho a la censura, la verdad. Y su edición videográfica en nuestro país corrió a cargo de Manhattan Home Video en 1986, por lo que el lenguaje empleado por la gente del lumpen no fue suavizado en el doblaje. Aunque la edición en 4:3 no le hacía mucho favor. Alfonso & Miguel Romero


Psychometro: ••••




(1) Muy recomendable al respecto es el visionado de “El día de la lechuza” (1967), “Confesiones de un comisario” (1971), “El caso está cerrado, olvídelo” (1971), “Tengo miedo” (1977) y “Agente doble” (1978), todas de Damiani.

(2) Caso de la magistral “El último refugio” (1941), según una novela de William Riley Burnett, con guión del novelista junto a Irving Harper y John Huston. Los cambios hechos por estos dos últimos no gustaron a Burnett, quien en la década siguiente volvería a encargarse del libreto en una nueva adaptación que llevaría a la pantalla Stuart Heisler en la también estupenda “He muerto miles de veces”, con Jack Palance y Shelley Winters en los papeles que Bogart e Ida Lupino encarnaran en la cinta de Walsh.

(3) El personaje de Bogart en “El último refugio” es un producto de la gran depresión que marcaron los 30 en USA tras la caída de la bolsa en 1929, mientras que en el film de Lizzani, Luciano lo es de la crítica situación que vivía Italia en aquel momento.

(4) Cuando ella le pide que vuelva a su antiguo trabajo y deje esa vida al margen de la ley, él le responde “Yo la leche la odio tanto como te amo a ti”.

(5) Hermano de Volontè, nunca conseguiría el status de éste. Su filmografía se compone principalmente de personajes secundarios en cintas de género, donde podemos destacar sus papeles en “John el bastardo” (1967) de Armando Crispino, versión del Tenorio en clave de spaghetti-western, o el “Bahía de sangre” (1971) de Mario Bava. Camaso se suicidó en 1977 en prisión, donde se encontraba por matar a Vincenzo Mazza.

(6) Jim McBride realizaría un remake en 1983 del film de Godard a la manera hollywoodiense con “Vivir sin aliento”. Titulado originalmente “Breathless”, también se conoció con el irónico “A bout de soufflé made in USA”.

(7) La nouvelle vague trataría el género como una deconstrucción de sus filmes favoritos del noir nortemaricano clásico, impregnándose además, concientemente o no, de la novela y el cine negro francés. Cada uno a su estilo nos dieron títulos tan interesantes como “Banda aparte” (1964), “Pierrot el loco” (1965), “Lemmy contra Alphaville” (1965) o “Made in USA”, de Godard; “Las ciervas” (1968), “El carnicero” (1969) o “La década prodigiosa” (1971) de Chabrol; o “Ascensor para el cadalso” (1957) de Louis Malle.

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4 Comentarios:

9.3.09 Blogger MarioBava

Bestial critica hermanos, bestialllll !!!!!!!...Mogollón de datos interesantisimos sobre todo el del hermano de Volontè que se suicidó en prisión por matar a Vincenzo Mazza ?¿¿?...Quien es ese tal Vincenzo??...un actor ??..Perdonar mi ignorancia....

 
9.3.09 Blogger cerebrin

Si, por favor, datos del tal Vincenzo Mazza, que aunque conocía el suicidio de Camasso, no sabía nada acerca de las circunstancias.

 
10.3.09 Blogger Ordel

Excelente reseña como siempre, de esta peli del interesante Lizzani.

Sobre lo de Claudio Volonté, si os vale, os puedo decir que fué durante una pelea que mantenía Claudio y su mujer en una conocida plaza de la capital italiana pegada al rio Tiber, el bueno de Mazza, que casualmente era técnico electricista y habia prestado sus servicios para alguna peli, se puede decir que pasaba por allí y recibió una puñalada al intentar mediar en la fuerte discusión que mantenia la pareja.
La conexión con el mundo del cine entre Mazza, Volonte y este dramatico suceso parece ser casual, aunque es muy posible que Mazza si reconociera a Volonté pero esto ya es especular.

Bueno esto es lo que yo conozco de esta triste historía.

Un saludo

 
10.3.09 Blogger MarioBava

Gracias Ordel esa información es como oro en polvo para mi..Me encantanestas historias !!!!!!!!!!!!!

 

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