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lunes

▼ REVIEWS

Grandes cazadores

Grandi cacciatori IMDb




Año: 1988 (Italia)
Director: Augusto Caminito
Interpretes: Klaus Kinski, Harvey Keytel, Deborah Caprioglio, Yorgo Voyagis, Thomas Attguargarvak.


Sinopsis: Klaus Naginsky trabaja en África atrapando animales para los zoológicos. Vive atormentado y obsesionado con matar a Ngale, una pantera negra que acabó con la vida de su amada, Deborah. Un zoo de Europa le ofrece capturar a aquella para ellos, pero Klaus se niega. Cuando los europeos la capturan por su cuenta, el cazador les ataca destrozándoles el coche y dejando a uno de ellos malherido, liberando después al felino. Sigue siendo un asunto personal. Aquél es encarcelado y allí su socio le ofrece pagar la fianza a cambio de una caza muy especial. Deberá viajar más allá del círculo polar ártico y acabar con el cazador de focas que asesinó a su joven amigo Alfred.



Comentario
:
Como dice la gente de Playboy, en los 80 fue como si volviéramos 30 años atrás, como si todos los avances respecto al sexo retrocedieran hasta los 50. Y es que la era Reagan supuso eso y mucho más, afectando retrógradamente a muchos campos. Además, un capitalismo brutal como no se había visto nunca antes recorrió los USA y, por extensión, medio planeta. A la vez, y sin contrariarlo, la gente empezaba a tomar conciencia de temas como el culto al cuerpo (hicieron furor como nunca el aeróbic, la musculación, el culturismo...) o la ecología. El cine, espejo (a veces deformante) de la sociedad, se hizo eco de estas cuestiones y muchas otras. La ecología, la que aquí viene al caso, saltó al cine en grandes producciones de estudio como “La selva esmeralda” (1985) de John Boorman, protagonizada por Powers Boothe y Meg Foster. Y otras más modestas donde cabe reseñar “En busca del águila” (1983) del psychotrónico Philippe Mora, con Rutger Hauer, Kathleen Turner y, casualmente, Powers Boothe entre los principales intérpretes. También podríamos citar, de forma anecdótica, a la Troma. Lloyd Kaufman siempre alardea de los positivos mensajes ecologistas de sus producciones, aunque bueno, nada de sus películas ni de lo que él diga puede ser tomado demasiado en serio. La carga ecologista también llegó a Italia. Baste recordar “Indio, la gran amenaza”, (1988) y su secuela “Indio 2. La revuelta” (1990) de Antonio Margheriti, un par de pseudo-Rambos con coartada ecológica (1).


Grandi cacciatori” se adentra más de lleno en la denuncia. Metiendo directamente el dedo en la yaga sobre el, por desgracia hoy aún vigente, espinoso tema de la cruel matanza de las crías de focas para quitarles la piel con las que confeccionar abrigos de lujo. El director refuerza su postura mostrando repetidamente a estos animales como seres inofensivos, indefensos, que parecen mirar a la cámara con cara de tristeza ante su fatídico destino. La falta de diálogos reina en el film, suplidos por una banda sonora a base mayormente de sintetizadores, muy propia de su época, dando un cierto toque new-age en consonancia con las intenciones del realizador. Lo que más llama la atención del film es la abrupta desaparición del personaje de Klaus Kinski cuando lleva un tercio del metraje. Siendo su puesto sustituido por un sujeto totalmente distinto, Thomas, al que da vida Harvey Keitel (pocos años antes, en 1985, ambos actores ya trabajaron juntos en la fallida “El caballero del dragón”, de Fernando Colomo).



Los dos “cazadores” nos son presentados de forma positiva. Ninguno mata realmente animales. Klaus los coge vivos para los zoológicos, y Thomas es profesor en la universidad. Es curioso que al llegar Klaus al ártico desaparece de la película, tras una breve escena donde vemos lo bien que convive con las focas (como luego lo hará Thomas). Se nos dice que ha desaparecido, poco después el profesor encontrará su cadáver en el hielo, por lo que suponemos que corrió el mismo destino que Alfred. Pero ese final donde se nos explica que Klaus abandonó África porque Ngale había muerto y no tenía ya razón de vivir, no cuela. Nos hace pensar que el rubio alemán discutiría con Caminito abandonando el rodaje o algo similar. Recordemos que ese mismo año también trabajaron juntos en la vilipendiada “Nosferatu en Venecia” (2), cuya filmación fue todo un caos. Kinski discutió con Caminito y empezó a dirigirse él mismo, diferentes realizadores se fueron sucediendo para intentar terminar y dar forma a todo aquel embrollo, etc... Y nos lleva a pensar que Kinski estuvo en estos dos rodajes para que Caminito le produjera su largamente acariciado proyecto de “Paganini”, dirigido al año siguiente por el propio Kinski tras la rotunda negativa de Herzog de llevarla a cabo.



También canta que fue el protagonista de “Fitzcarraldo” quien metió en el rodaje de “Grandi cacciatori” a su pareja de entonces, una jovencísima Deborah Caprioglio (más joven que cualquiera de sus dos hijas, Pola y Natassja), en su debut frente a las cámaras, y a la que sólo vemos en breves flashes al principio de la película en el papel de su difunto amor. Resulta curioso que los personajes de ambos se llamen como ellos. La exuberante protagonista de “Los burdeles de Paprika” (1991) de Tinto Brass o “La sonrisa del zorro” (1992) de Sergio Martino, repetiría como la compañera del inefable Klaus en “Paganini”, título póstumo y testamento fílmico del controvertido actor.



Volviendo al film que nos ocupa, la llegada del personaje de Harvey Keitel (3) cambia el tono de la cinta. Frente a la desesperación y locura de Klaus Naginsky (y del propio Kinski, of course), Thomas es un tipo serio, tranquilo, que busca al asesino de Alfred como un favor personal. Los cazadores de focas nos son mostrados como auténticos carniceros, no sólo son crueles con los pobres animales, sino que además acaban con la vida de quienes se les oponen de la misma manera, un mazazo en la cabeza y dejándolos morir helados (al menos no les arrancan la piel mientras agonizan como a las focas). También intentan matar al profesor, pero éste correrá mejor suerte siendo salvado por unos esquimales con los que convivirá hasta la siguiente temporada de caza, mientras se recupera y aprende las costumbres de los nativos. El realizador aprovecha para mostrarnos la diferencia con los esquimales, que matan a los animales para su propia supervivencia. Enfrentando este comportamiento al de los cazadores de focas, que siempre hacen aparición en hilera, maza en mano, y enfocando sus pies a cámara lenta, anunciando la amenazante llegada del peligro.




Pero esta vez será Thomas quien sorprenda a sus contrarios con una trampa (una ametralladora, al estilo del viejo Django), para hacerles huir, exceptuando a su objetivo, al que dispara en una pierna y deja sufriendo para, al día siguiente matarlo al estilo del propio cazador de focas. Pero, pese a su odio, el profesor aún guarda algo de humanidad, y preferirá acabar pronto con un disparo en la cabeza. Su convivencia con las focas y el haber sido impotente testigo de la matanza de éstas le lleva a cumplir su misión más por estos mamíferos que por la razón inicial. Una vez termina con el cazador, coge a una pequeña foca que había a su lado, para llevarla con los suyos y ponerla a salvo.



Al final, tras despedirse Thomas de su amigo y coger el tren en el que llegó (como en tantísimos westerns), unas leyendas nos recuerdan que los animales son seres vivos como nosotros, con una dignidad superior a la de muchos hombres, y que no hay que hacerles daño, insistiendo en el mensaje del film. Rodada después del “Cobra Verde” (1987) de Herzog, “Grandi cacciatori” ha sido durante años un filme maldito, una de las películas perdidas de Klaus Kinski, recuperada afortunadamente hace un tiempo por la televisión italiana, lo que nos ha permitido verla . Alfonso & Miguel Romero


Psychometro: •••



(1) Rodada en Filipinas, Borneo, Brasil y Argentina, la primera parte de “Indio. La gran amenaza” fue protagonizada por Francesco Quinn como el héroe mestizo que impide que unos indeseables se carguen la selva. Luchará con la ayuda del boxeador Marvin “Maravilla” Hagler, contra todo un ejército liderado por Brian Dennehy, precisamente el odioso antagonista de Sylvester Stallone en la seminal “Acorralado” (1982) de Ted Koscheff. En su segunda entrega, con Hagler alzándose con el papel principal, nuevamente un enfrentamiento contra quienes quieren perjudicar a la naturaleza, en esta ocasión con Charles Napier de villano, no por casualidad uno de los malos del “Rambo” (1985) de George Pan Cosmatos. Ambos filmes de Margheriti fueron editados en VHS en nuestro país por la mítica Record Visión.




(2) Por otro lado, más un exploit que una secuela del exitoso remake de “Nosferatu” a cargo de Werner Herzog, con el propio Kinski en el papel del vampiro. Por cierto que el actor se negó a repetir el mismo maquillaje que en ésta.






(3) Keitel estuvo trabajando en Europa durante buena parte de los 80. Cuando intervino en “Grandi cacciatori” estaba en el candelero por su papel de Judas en “La última tentación de Cristo” (1988) de su viejo amigo Martin Scorsese. Aunque su mejor momento profesional fue sin duda durante los primeros 90, destacando en cintas del calibre de “Reservoir dogs” (1992) de Quentin Tarantino (donde también ejerció de productor junto al legendario Monte Hellman), la oscarizada “El piano” de Jane Campion (1992), o la controvertida “Teniente corrupto” (1992) de Abel Ferrara. Film que ya cuenta con remake a cargo de Werner Herzog y protagonizado por el histriónico Nicolas Cage. Su presentación fue en la Mostra de Venezia del pasado septiembre del 2009, donde estaba el propio Ferrara y, al que al parecer, no gustó mucho.

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2 Comentarios:

24.10.09 Blogger Ordel

No tenía ni idea de esta peli, pero ver juntos a Keitel y Kinski no tiene precio.
Gracias por descubrirmela, intentare verla.

 
27.10.09 Blogger Pedro Pereira

Também estou interessado nesta! A ver se a encontro por aí...

 

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