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miércoles

▼ REVIEWS

El ambicioso

L’ambizioso IMDb




Año: 1975 (Italia)
Director: Pasquale Squitieri
Interpretes: Joe Dallesandro, Benito Artesi, Tony Askin, Leopoldo Buondonno, Stefania Casini, Giovanni Cianfriglia, Raymond Pellegrin.


Sinopsis: Aldo, quien trabaja en Nápoles en el contrabando de tabaco para el capo Don Enrico, se pasa de listo intentando cobrar el material más caro y llevarse una parte. Al ser descubierto, los matones del mafioso le dan una paliza. Marcha a Roma, donde comienza su ascenso como jefe del crimen, para ya organizado volver a Nápoles y declararle la guerra a su antiguo jefe.


Comentario: Nacido Joe Angelo en 1948 en Pensacola, Florida, por 1967 posaba como modelo para la revista Manual, con el apellido de Catano. Dos años después repetía para las páginas de la más famosa Physique Pictorial, ya como Joe Dallesandro. Y más o menos para lo mismo, para posar delante de las cámaras, lo requería la Factory, que le convirtió en el sex-symbol masculino de la casa e intervendría en “Lonesome cowboys” (1968) del propio Warhol (1), o la trilogía neoyorkina de Morrissey compuesta por “Flesh” (1968), “Trash” (1970) y “Heat” (1972), esta tercera una revisión underground de “El crepúsculo de los dioses” (1955) de Billy Wylder (en su última colaboración con Charles Bracket). Dallesandro seguiría con Morrissey y la Factory en el díptico “Carne para Frankenstein” (1973) y “Sangre para Drácula” (1974), rodadas en Italia y que levantaron en su día la ira de los más puristas por su particular tratamiento de dos de los monstruos clásicos de la Universal.



Tras éstas, el divo continuaría trabajando el resto de la década sobre todo en Europa, y principalmente en Italia, donde destacan los poliziescos que protagonizó: “Furia homicida” (1975) de Vittorio Salerno, “El ambicioso” (1975) de Pasquale Squitieri, “Tiempo de asesinos” (1975) de Marcello Andrei, y “Nacido ganador” (1976) de Aldo Lado. Donde siempre le dieron papeles de personajes violentos y no muy en sus cabales. Tangencial al género podríamos citar “Vacaciones para matar” (1980) del maestro Di Leo, tras la cual volvería definitivamente a los USA.



El napolitano Pasquale Squitieri se había fogueado en algunos westerns cuando en 1972 realiza “Camorra”, ambientada en su ciudad natal y protagonizada por Fabio Testi y la malograda Jean Seberg. A lo largo de la década Squitieri dirige principalmente policiacos retratando a menudo a la mafia de su ciudad. El tercero de estos poliziescos será precisamente “El ambicioso”, con una premisa argumental muy similar al del citado film con Testi, el joven inquieto que, harto de ser ninguneado por la organización, pretende hacerse con el poder, recurriendo al esquema clásico del auge y caída del mafioso que el cine italiano había utilizado tantas veces en las gangster movies de los años 60, y que éste había recogido de los films de gangsters norteamericanos de los 30 (2), aunque formalmente entronca con el poliziesco de los 70, con esa urbanización del spaghetti-western según Enzo G. Castellari, donde no faltan lugares comunes como las salas de billar, discotecas y night-clubs, fábricas abandonadas, cementerios de coches o, predilección del realizador, el puerto de Nápoles. Escenarios a los que el director sabe sacar provecho.


Squitieri vuelve a reunir a Dallesandro con Stefania Casini, ambos habían coincidido unos años antes en “Sangre para Drácula”, y cuenta con una serie de eficaces secundarios habituales del género como Benito Artesi, Tony Askin o Raymond Pellegrin. La Casini interpreta a Luciana, la chica que socorre a Aldo cuando el muchacho está en apuros, siendo testigo de su alzamiento y autodestrucción. Cuando ella quiere dejarle, el egocéntrico nuevo capo no la deja ir, viéndose ella enterrada en un abismo de alcohol y desesperación que la llevará al suicidio (3), hecho que desestabilizará, aún más, la frágil psique del joven. Enganchado a la coca y sin cuidado por nada se convierte en presa fácil para los mafiosos de vieja escuela, en un final que enlaza con el de geniales cintas como “Gente de respeto” (1975), de Luigi Zampa, o “A ciascuno il suo” (1967) de Elio Petri, donde las raíces de la vieja mafia no es precisamente algo fácil de arrancar, permaneciendo siempre en su status quo, sabiendo esperar el momento oportuno.



La crítica italiana le achacó a Squitieri alejarse de la realidad criminal napolitana retratada en sus dos primeros trabajos en el género, en pos de una estilización de la violencia para hacer la cinta más comercial. Pese a ello, o seguramente por lo mismo, sigue siendo hoy el poliziesco del realizador más aplaudido por el público, y no sólo el de su país. La edición videográfica española correría a cargo de Videotechnics, con muy buena calidad de imagen y respetando el formato original de la película, como solía hacer la casa. Alfonso & Miguel Romero

Psychometro: ••••



(1) Morrisey reclama la autoría de tal film, firmado por Warhol, al igual que las de “Chelsea girls” (1966) y “Nude restaurant” (1967).


(2) Muchas de las primeras gangster movies norteamericanas convirtieron, en los años de la depresión, a estos forajidos en una especie de anti-héroes. El código Hays acabó con esto obligando a las productoras a dar una imagen negativa del mafioso, pasando a ser el protagonista el agente encargado de pararle los pies, y que el gangster obtuviera un duro y aleccionador final. Por lo que todo ascenso a las cumbres de lo delictivo les llevaría a un drástico desenlace. Un claro ejemplo sería la conocida “Scarface. El terror del hampa” (1932) de Howard Hawks. Los años 40 conllevan un cambio radical en el género, alzándose con el protagonismo los detectives privados según Dashiel Hammet y la revista Black Mask. Viéndose alterado también en lo formal, con un más marcado juego de luces y sombras, y un mayor uso de ángulos forzados, merced a la maestría de los profesionales alemanes emigrados a Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial, y naciendo el cine noir propiamente dicho.

(3) El proceso autodestructivo de Luciana y su relación con un Aldo fuera de sí, egomaníaco y adicto a la cocaína, parece un precedente de la relación de Tony Montana (Al Pacino) y Elvira Hancock (Michelle Pfeiffer) en “El precio del poder” (1983), el remake de Brian De Palma del “Scarface. El terror del hampa” de Hawks. Es una opinión personal, pero no sería de extrañar dado el conocimiento de De Palma del cine de género italiano. Baste las múltiples referencias a diversos giallos en su “Vestida para matar” (1980).










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