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martes

▼ REVIEWS

SITGES 2011





Por Carlos Amurgo.


Psychotronic ha estado de nuevo presente en esta edición del Festival de Sitges, la que suma 44 en la historia de un Festival que es cita ineludible en el panorama festivalero. Comentamos algunas de las películas más destacables que pudimos ver, con resultados desiguales pero con buen sabor de boca considerando globalmente la cosecha de este año.


The Woman: es la nueva película de Lucky McKee, director de May, basada en una novela de Jack Ketchum. Una familia aparentemente normal que vive en una casa de campo, ve como el padre encierra en el sótano de su casa a una mujer en estado salvaje que hasta entonces ha estado sobreviviendo en los bosques alrededor de la vivienda familiar, y empieza a dar rienda suelta, con la participación de su hijo en edad escolar, a sus impulsos más básicos y sádicos con ella, tratos que acabará recibiendo también su mujer. El argumento es casi lo de menos, aquí se trata de mostrar todo tipo de animaladas bajo la coartada de mostrar el lado oscuro y las miserias de la vida familiar americana, su aparente aspecto de modélico e intachable por fuera y de podrido y vejatorio por dentro, de la violencia inherente en las relaciones familiares y por extensión en la sociedad en que se mueven y sobretodo en las relaciones de dominación entre hombre y mujer, pero lo que realmente se pretende es ir lo más lejos posible en la violencia explícita, a todos los niveles, ya sea de violencia gráfica como de humillaciones y vejaciones, buscando impactar al público. La película no resulta nada terrorífica porqué las cartas están sobre la mesa desde el principio y no se trabaja el suspense ni la sugerencia, es un tour de force que a cada escena quiere llegar a extremos más sádicos que la anterior, es un estirar y estirar la misma situación a ver hasta dónde es capaz de llegar la podredumbre del ser humano. Y no falta la venganza aún más gráfica y salvaje de la/s maltratada/s en cuestión. Nada que haya visto el aficionado al género, aunque con menos gracia que en los 70 o en los 80, de donde vienen las referencias que claramente tiene en mente el director de la película, en versión modernizada para conectar con el gusto del espectador actual del género, pese a apostar con una estética estilo años 50, para potenciar ese aspecto idílico e inocente que se asocia con esa década. Para el seguidor veterano del género no resulta ni provocadora ni original, aunque su humor burro tiene gracia en algunos momentos.



4:44 Last Day On Earth: nueva incursión de Abel Ferrara en el largometraje, tras una década a la deriva y con más continuidad en el documental que en el cine. Es una pieza de cámara, muy probablemente sea consecuencia del poco presupuesto de la película, ya que todo transcurre en un par de habitaciones y algún breve exterior. Es una visión personal del fin del mundo en el contexto de una pareja (él ya maduro, ella bastante joven) que vive en el interior de su apartamento neoyorquino la situación límite de saber el momento exacto en que acabará el mundo. Con esta premisa y con la tensión que genera la cuenta atrás hacia el final (la película narra las últimas 24 horas antes de la hora anunciada) Ferrara hace un ensayo / comentario del estado actual de las cosas bajo su punto de vista, siempre dispuesto a entrar en los rincones oscuros de sus personajes y de la sociedad que los cobija. Temas como la incomunicación producto de las nuevas tecnologías, la sensación de sociedad deshumanizada que se dirige sin rumbo hacia su final, junto a sus habituales temas de la búsqueda de la redención y la comprensión de uno mismo, están presentes a lo largo de una película que plantea problemas para reflexionar sobre ellos, más que exponer posibles soluciones. Aunque no es de su mejor material es interesante y reflexiva, algo poco habitual en Ferrara, que como cineasta siempre ha sido más colérico y visceral, pero visto cómo están las cosas en el cine actual ya es un logro verle en activo, aunque ya que ha tenido que volver a la independencia  y a los bajos presupuestos se echa en falta más espíritu callejero (en esta y en sus películas de la pasada década), en lugar de una película que queda un poco lastrada por sus pretensiones autorales. No se puede evitar echar de menos al Ferrara de siempre, esa fuerza bruta y rabiosa de la naturaleza conjuntada con esa dureza sin tregua mostrando la realidad que supuraban sus mejores películas. De eso sólo quedan chispazos en esta 4:44: Last day on earth, aquí vemos un tono reflexivo y maduro que resulta sorprendente viniendo de quien viene. Hasta Willem Dafoe como  protagonista está más relajado y comedido de lo que es habitual en él. Pero bueno, es agradable saber que Ferrara sigue ahí, su incomodidad hacia lo que le rodea sigue ahí y siempre queda la esperanza de que vuelva con la fuerza de antaño algún día.


Krokodyle: dentro de la ecléctica selección de la sección Noves Visions del Festival, se pudo ver esta pequeña película italiana, dirigida por Stefano Bessoni (realizador con un breve trayectoria en el cine fantástico italiano de bajo presupuesto), totalmente artesanal y con muy bajo presupuesto, narrativamente bastante experimental, al apostar por una narración subjetiva que se apoya en una mente que divaga entre la realidad y la ficción, con mucha tendencia a fantasear y a darle a la realidad una forma de cuento infantil del de toda la vida. No es nada nuevo pero es agradable ver en estos tiempos una película con esta filosofía sencilla y que apuesta por expresarse de manera bastante libre con un estilo tan artesanal y retro, incluso con animaciones al estilo Svankmayer, ajena a los tiempos de la era digital. Es el tipo de propuesta que seguro que no va más allá de ser exhibida en festivales y eventos similares y probablemente será considerada como un anacronismo por mucha gente que la vea, pero resultó una bocanada de aire fresco dentro de la programación del Festival, con toda su aura fantasiosa, su gran tendencia a divagar y su breve duración (apenas 75 minutos) hacen que entre de manera muy agradable.


The Victim: dentro de la sección gamberra del Festival, Midnight X-Treme, donde suelen caer las películas más cafres y algunas de las propuestas más carentes de prejuicios del cine de terror actual, se pudo ver el debut de Michael Biehn en la dirección, todo un clásico en varios blockbusters de los 80 al que yo al menos había perdido completamente la pista. Pero sigue ahí y de hecho estuvo en Sitges presentando la película, comentando entre otras cosas que para las pelis rollo serie b ya no hay cines ni un circuito comercial donde puedan ser exhibidas, así que para buscarle salida a su película la ha ido exhibiendo en universidades y salas diversas, al margen de una distribución convencional y con bastante éxito según comentaba. La película en si es un divertimento muy serie b, bastante ochentera como era de esperar, donde el mismo Biehn interpreta a un ermitaño con pasado oscuro que vive aislado en una cabaña en medio del bosque, y que en contra de su voluntad se ve mezclado en la lucha por la supervivencia de una chica (y de la suya propia) que va a parar a su cabaña pidiendo ayuda ya que ha visto como su mejor amiga era asesinada en lo que se suponía iba a ser un fin de semana de diversión con otros dos hombres. La película es muy entretenida, con muchas situaciones de tensión que mantienen muy bien el tipo, y con un sentido del humor bastante burlón, con un Biehn riéndose en algunos momentos de si mismo y del icono que representó en los 80, ya que no creo que sea casual que su personaje se llame Kyle y que incluso haya una escena de sexo que imita a la de Terminator. Es como si haya querido retomar el personaje de Kyle en Terminator 25 años después y lo haya metido en una situación muy distinta, mostrando a su propio personaje como bastante cínico y desencantado de la vida pero no por ello prescindiendo de un sentido del humor bastante ácido y de los guiños hacia su propio pasado a los que no les falta cierto elemento  paródico, aunque eso sí, el resultado tiene entidad propia, dentro de la modestia de sus medios y pretensiones. Consiguió entretener a toda una sala en un pase iniciado a las 2 de la mañana, lo que tiene su mérito.




Beyond the black rainbow: debut de Panos Cosmatos en el largometraje, hijo de George Pan Cosmatos, entrañable director todo terreno en el cine de serie b ochentero al que supongo que si alguien recuerda es por haber dirigido Rambo II o Cobra, aunque yo guardo buen recuerdo de él, por De origen desconocido sobretodo. Incluida dentro de la sección Noves Visions se encuadra dentro de cierta tendencia en algunas películas de ciencia ficción actual a echar la vista atrás hacia la ciencia ficción de los años 70 sobretodo, y en menor medida de los 80. No hay más que recordar Moon, ganadora del premio a la mejor película hace un par de ediciones. Beyond the black rainbow poco tiene que ver con Moon excepto por su apuesta por un estilo descaradamente retro y unas influencias ancladas claramente en la ciencia ficción de los 70, aunque al contrario que Moon se inclina por la ciencia ficción más abstracta y visionaria. Ambientada en 1983, en un pasado que ni siquiera ha existido, es la historia del Doctor Barry Nyle, jefe de un proyecto con el objetivo utópico de alcanzar la felicidad como si se de algo que se puede conseguir científicamente se tratase. Para ello tiene entre los pacientes que estudia a Elena, poseedora de poderes psíquicos hacia los que el Doctor Nyle sentirá tal fascinación que deseará arrebatárselos ya que por si mismo es incapaz de lograr algo de paz interior. El peso narrativo de la  película recae principalmente en su poderío visual y su envoltorio sonoro, claramente orientado a crear un efecto hipnótico en el espectador, que queda abrumado por el cúmulo de sensaciones que llenan la pantalla en un intento de transmitir estados mentales, llenos de confusión y abstracción. Esta saturación es tal, que la línea argumental acaba haciéndose tan delgada que no se puede hacer otra cosa que disfrutar del viaje al margen de consideraciones racionales o de coherencia argumental. Es una película para experimentarla y no para racionalizarla, para sumergirse en ella como experiencia visual pura pese a que su principal virtud hace que su tejido argumental acabe percibiéndose como inconexo o confuso, aunque esto mismo tenga también su punto, si se tiene en cuenta que es de estados de la mente de lo que se está tratando.


Kotoko: dentro de Noves Visions se proyectó la nueva película de Shinya Tsukamoto, un agradable reencuentro con un creador que ha dado muestras fascinantes de su talento, aunque en los últimos años se le veía algo perdido y poco inspirado. Kotoko sin ser de lo mejor de su carrera sí que es un retorno a sus constantes más reconocibles, a su universo más personal, es la historia de la chica que da nombre al film, afectada por una enfermedad mental que le hace autolesionarse y ver cosas que son producto de su mente, aunque Tsukamoto juega mucho con los límites de la realidad, al alternar en la narración entre puntuales muestras de la objetividad de un punto de vista neutro sobre algunas de las situaciones que le van sucediendo a la protagonista y la subjetividad del punto de vista de la misma protagonista, determinadas por su distorsionada visión del mundo a causa de su enfermedad, para de esta manera crear un discurso alrededor de los frágiles vínculos de nuestra mente hacia nuestro entorno inmediato, entre la verdadera realidad en relación con lo que percibe la mente perturbada de la protagonista, lo que crea esa sensación de desconcierto hacia la realidad, hacia un temor a si realmente parte o la totalidad de lo que percibimos no es más que un producto de nuestra mente o de nuestra imaginación. La principal novedad es que en su primera mitad es bastante humorística, algo inusual en Tsukamoto, lo que crea una sensación desconcertante entre la comicidad y la extrañeza que provocan esas salidas humorísticas, bastante logradas eso sí, teniendo en cuenta que no es sencillo hacer comedia de algo como las enfermedades mentales y las consecuencias que tiene en las conductas y forma de relacionarse con el exterior de quienes las padecen. La segunda mitad de la película olvida por completo el alivio cómico y mete al espectador de pleno en el deterioro mental de la protagonista, con un tono que progresivamente se vuelve más dramático y desesperanzador, aunque sin perder un toque de belleza en la mirada hacia el mundo exterior, en una forma de expresarnos la inocencia y ternura que forma parte del personaje, que también está presente en contraposición a su ímpetu autodestructivo. 



Drive: incluida dentro de las sesiones especiales del festival se proyectó Drive, llamada a ser una de las sensaciones del año y con diversos reconocimientos en forma de premios en su trayectoria en diversos festivales. Es la nueva película de Nicholas Winding Refn, director con presencia muy habitual en Sitges. Drive es un buen ejemplo de comercialidad bien entendida, de una historia sencilla pero bien construida, con buenas  interpretaciones y un gran trabajo en la dirección. Narra la historia de un personaje solitario y parco en palabras y expresividad (llamado simplemente Driver en los créditos, en ningún momento se dice su nombre) que se dedica a especialista en películas que incluyen escenas de riesgo con coches durante el día y a actividades ilegales como ayudar a huir a atracadores que le contratan por su pericia al volante por las noches. Su vida se verá alterada cuando conoce a su vecina y a su hijo, para protegerles se verá implicado en una trama criminal de atracos, asesinatos y venganzas con un grupo mafioso. Lo que destaca de Drive es sobretodo la gran dirección de Refn, muy esteticista y detallista, con un gran trabajo visual tanto en la estética como en los movimientos de cámara, lo contenidas que están las interpretaciones de los protagonistas principales (sobretodo la de Ryan Gosling), de los que no sabemos mucho pero de los que nos da la información suficiente para familiarizarnos y comprenderlos, aquí no se descuida a los personajes y las relaciones que se van creando entre ellos, y una narración sencilla pero efectiva, que juega mucho y con buen gusto con referentes del pasado, sobretodo del cine de acción de los años 70 y 80, en una puesta al día de algunas de sus constantes, como la figura del héroe imperturbable, solitario pero con un punto de sensibilidad que se hace más evidente conforme avanza la película y escenas de acción no sólo con el objetivo de dar espectacularidad a la película sino usándolas de manera puntual y haciéndolas básicas para el desarrollo de la trama. La acumulación de estas decisiones convierten a una película que sobre el papel puede parecer una del montón a una película como Drive, que si bien no es una gran película, sí que es algo especial. 


-Guilty of Romance / Himizu: Sion Sono por partida doble este año, su nombre ha ido ganando poco a poco notoriedad en el panorama cinematográfico y como tal, Sitges le ha dado este año una cobertura especial, presentando sus dos últimas realizaciones. Yo casi lo veo como una especie de fenómeno como el de Takashi Miike hace ya unos cuantos años, pero sin tanto ruido mediático ni tan inspirado como Miike en sus mejores momentos. Sono parece heredero del Miike más arriesgado, el que transgrede tabúes y muestra una imagen muy poco gratificante del ser humano en general y de la sociedad japonesa en particular. En Guilty of Romance tira sus dardos contra el sexo y las conductas que se producen alrededor de él, caricaturizadas hasta extremos que en algún momento llegan al absurdo pero que no por ello dejan de ridiculizar al ser humano con una fina capa que se mueve a su antojo entre la ironía y la parodia menos sutil, sin olvidar que en Japón las paranoias y conductas aberrantes alrededor del sexo llega a unas cotas de enfermedad bastante superiores a las occidentales. Narra la historia de una frustrada ama de casa, totalmente sumisa a su marido, que al acabar casualmente en el rodaje de una secuencia porno (de la que acaba siendo protagonista) empieza a experimentar el sexo en una caída sin fondo hasta evolucionar a una ninfomanía pasadísima de vueltas. Y como sexo tiene que ir unido a violencia, en Guilty of Romance no falta una buena ración de ella, en todas sus variantes (física, verbal...). Es una característica que coincide con la otra película, Himizu, donde también se hace bandera de la violencia a todos los niveles, donde la gente se grita mutuamente sin escucharse y sin comunicación alguna, donde sólo vale la realización de los deseos propios y los conflictos se solucionan en base a la ley del más fuerte, donde ni la tragedia sirve para unir a nadie. Esto se observa más en Himizu, ambientada en el Japón post-Fukushima, mostrando un panorama si cabe aún más cruel y deshumanizado. La diferencia entre ambas radica en que en Guilty Of Romance, aunque en su trasfondo viene a decir lo mismo o cosas muy parecidas, está teñida de un sentido del humor bastante salvaje y un sarcasmo que recubre un poco el nihilismo (o realismo crudo, según se mire) de lo que se cuenta, mientras que Himizu es una película más negra y amarga, posiblemente por el entorno tan apocalíptico que supone rodar en las ruinas de la reciente tragedia japonesa y probablemente con el ánimo bastante menos burlón. En cualquier caso, un cineasta a seguir, al menos habla de cosas que ocurren hoy en día y a ratos hasta se sabe reír de ellas, aunque en el fondo realmente no tenga  ninguna gracia.


-Killer Joe: Sitges se guardó para su tradicional sorpresa anual de cierre de edición la última película de William Friedkin, Killer Joe. Es en esencia un divertimento salvaje, un sádico policía que en sus ratos libres hace sus pinitos como asesino a sueldo recibe el encargo de un joven traficante de drogas que ha decidido que la solución para pagar sus deudas es matar a su propia madre para cobrar su seguro de vida. Por supuesto todo sale mal y Killer Joe decide cobrar un adelanto por los servicios prestados: la hermana del traficante de drogas, conocida por la zona por su pureza virginal. Es una mezcla entre la novela negra clásica, el cine de acción a lo Walter Hill, algo de western fronterizo (pero en plan Tarantino, nada que ver con Peckinpah), pero totalmente desmitificador de todos esos elementos, durante toda la película se ironiza de esos arquetipos, y de paso de sus personajes, de las situaciones que se generan entre ellos... tiene un tono grotesco muy marcado, pero que no cae en la parodia por la sordidez de ambientes, personajes y situaciones violentas e incomodas que muestra, haciendo juegos de equilibrio entre la comedia negra sarcástica y la violencia bruta del thriller más contundente, lo que la hace bastante digerible para el público en general. Es algo así como una variante del Fargo de los Coen, pero más sórdida y jocosa a la vez, y bastante más entretenida. 


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